Tag Archive: Caso Caval

  1. La ciudadana Bachelet

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La irreflexiva querella presentada contra los periodistas de Qué Pasa mancha el legado de la Presidenta y refleja una débil lealtad a los valores y principios que debieran guiar a los demócratas consecuentes.

    La decisión de la Presidenta Bachelet de presentar una querella contra el director, el editor general y dos periodistas de la revista Qué Pasa refleja su preocupante subvaloración por la libertad de prensa y la libertad de expresión. Precisamente porque Michelle Bachelet pertenece a una coalición política que sufrió los rigores de una dictadura que violaba esos derechos, la Presidenta de la República debiera entender que ella no es una ciudadana común y que la legítima defensa de su honra no debe alimentar la percepción de que el gobierno persigue criminalmente a medios de comunicación. Bachelet debiera evitar pasar a la historia como la primera Presidenta en democracia que persiguió criminalmente a un medio que publicó una conversación de terceros que la mencionaba a ella como parte de los oscuros negocios en que ha estado involucrada su nuera, Natalia Compagnon.

    La sorpresiva e irreflexiva decisión de Bachelet de querellarse por injurias graves con publicidad contra Qué Pasa resulta especialmente preocupante, toda vez que ese semanario fue el primero en revelar los oscuros negocios de la empresa Caval, en la que su nuera tiene propiedad. Como el escándalo Caval ha involucrado también al hijo de la Presidenta, Sebastián Dávalos, quien debió renunciar a su cargo de “Primer Damo” en La Moneda, la querella de Bachelet tiene un incuestionable sabor a vendetta. Pero ya que hay suficiente evidencia que demuestra que Caval se especializaba en negocios cuestionables y hacía uso de sus contactos y cercanía al poder —incluida la cercanía con la propia Presidenta Bachelet, cuestión que reconocidamente ayudó a la obtención de un enorme crédito bancario para un negocio de especulación inmobiliaria—, una querella contra Qué Pasa equivale a dispararle al mensajero que trae las malas noticias. Qué Pasa destapó un escándalo que ha golpeado la popularidad y la imagen de Bachelet. Pero la responsabilidad por ese escándalo recae en el poco criterio que tuvieron Natalia Compagnon y Sebastián Dávalos en la forma en que condujeron sus negocios y su figuración pública.

    La querella de Bachelet además alimenta dudas sobre sus valores democráticos. Después de haber demostrado cuestionable criterio cuando, en una visita oficial a Cuba, salió corriendo para reunirse con el octogenario ex dictador Fidel Castro y después de haber hablado bien de Alemania Oriental —olvidando la naturaleza dictatorial de ese régimen que asesinó disidentes políticos que querían huir del país—, la decisión de perseguir a un medio de comunicación constituye un patrón de comportamiento que refleja una débil lealtad a los valores y principios que debieran guiar a los demócratas consecuentes. Porque la libertad de prensa importa precisamente cuando la prensa investiga cuestiones espinudas que involucran a personas poderosas (o a sus familiares), lo peor que podía hacer Bachelet era querellarse contra el medio que ha sido líder en denunciar las cuestionables actividades de negocio y las decisiones reñidas con la ética de Dávalos, Compagnon y sus asociados.

    Como si todo esto no fuera suficiente, la excusa que dio Bachelet al decir que su querella la presentaba como ciudadana y no como Presidenta refleja su incapacidad para entender que su condición de primera mandataria la acompaña las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Dada la investidura de su cargo, Bachelet debiera saber que no se puede sacar la banda presidencial a discreción. Siendo la persona que ha ocupado el cargo de presidente democráticamente electo por más tiempo desde Arturo Alessandri, Bachelet demuestra la incapacidad para entender que los presidentes no pueden pretender ser ciudadanos comunes y corrientes. Las regalías y el poder que vienen con el cargo obligan a las personas que lo detentan aceptar que también deben renunciar a derechos que tienen todos los mortales. Bachelet no puede pretender ser una simple ciudadana cuando presenta una querella y gozar de los beneficios del cargo cuando se le toma declaración como testigo en la investigación de la fiscalía sobre los negocios de Caval.

    La decisión de Bachelet, contra los razonables consejos de varios aliados que públicamente han cuestionado la conveniencia de la querella, recuerda también la igualmente cuestionable querella por injurias que presentó Sebastián Dávalos en 2013 contra el director de la Radio Bio-Bio, Tomás Mosciatti. Pero al menos Dávalos puede alegar que, en ese momento, él sí era un simple ciudadano. Bachelet, con igual apresuramiento irreflexivo que tuvo su hijo en 2013, ha escrito una negra página en su legado. Felizmente para ella, aunque igual quedará la mancha, Bachelet todavía puede evitar que esa querella tiña todo su legado en materia de respeto por la libertad de expresión y la libertad de prensa.

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  2. Análisis de los impactos políticos de Caval

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    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica  Universidad Diego Portales

    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica Universidad Diego Portales

    Como todo los lunes Gonzalo Cordero y Alfredo Joignant analizaron las implicancias políticas del caso Caval.

    Todo, luego de que Natalia Compagnon, esposa de Sebastián Dávalos y nuera de la Presidenta Michelle Bachelet, mencionara en su tercera declaración la relación que tuvo la sociedad Caval con la jefa de gabinete de la Mandataria, Ana Lya Uriarte.

    “Este problema se generó en el Gobierno porque pusieron a Sebastián Dávalos en una responsabilidad donde nunca lo tuvieron que haber puesto. Eso es un error del que la Presidenta se tiene que hacer cargo. Y después se siguió manejando mal porque no hay un equipo político que con independencia maneje el problema”, declaró Gonzalo Cordero.

    Por su parte, Alfredo Joignant indicó que para que exista un equipo político “en primer lugar la presidenta tiene que querer tenerlo. Luego, necesita que ese equipo se sienta lo suficientemente empoderado para actuar con independencia del trato cotidiano con la Presidenta. En este segundo punto está el problema”.

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  3. El segundo tiempo

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    Investigador Asistente del Observatorio Electoral del Instituto de Ciencias Sociales de la UDP.

    Kenneth Bunker, Investigador Asistente del Observatorio Electoral del Instituto de Ciencias Sociales de la UDP.

    Cuando comenzó el cuatrienio de la Nueva Mayoría muchos pronosticaron que sería un gobierno estructuralmente renovador. No sólo porque lo anticipaba el programa, sino porque además se habían conjugado las condiciones políticas necesarias para serlo. Bachelet había ganado la elección presidencial con el porcentaje de votos más alto desde el retorno de la democracia, y la lista legislativa de la coalición había obtenido una mayoría significativa en el Congreso.

    Efectivamente, el primer año de gobierno trajo consigo varias transformaciones estructurales. Antes de celebrar su primer año en el poder, la Nueva Mayoría logró pasar importantes proyectos de ley, incluyendo la reforma tributaria, la reforma educacional, y la reforma electoral. La coalición se fue de vacaciones celebrando su éxito, confirmando que la popularidad de Bachelet, junto con la mayoría legislativa, efectivamente fue una combinación perfecta.

    Pero la celebración fue corta. En el mismo mes del receso legislativo, mientras las autoridades de gobierno se encontraban veraneando, se desató el caos. Al caso Penta, que se arrastraba desde septiembre de 2014, se sumaron el caso Caval y el caso SQM. Entraron al ruedo varios legisladores, unos cuantos funcionarios del gobierno, e incluso se sugirió que la propia Presidenta estaría involucrada en un esquema irregular de financiamiento político.

    Como consecuencia al destape de la olla, cayeron transversalmente los niveles de confianza a las instituciones políticas y los índices de apoyo a los políticos, forzando una parálisis legislativa. La crisis dejó a la oposición al margen del debate y al oficialismo en una crisis interna.Luego de dos meses donde los medios y la fiscalía se turnaron el control de la agenda, la Presidenta finalmente acusó recibo y decidió –tardíamente– realizar una serie de cambios para enmendar el rumbo.

    El primero –y probablemente el más importante– fue el cambio de gabinete en mayo de 2015. Nueve de 23 ministros dejaron sus carteras, incluyendo los titulares del comité político (Interior, Segpres, Seggob y Hacienda). La salida de Peñailillo y Arenas fue un duro golpe a la estructura Bacheletista asociada con la estrategia de avanzar sin transar. La llegada de Burgos y Valdés, y eventualmente de Eyzaguirre, dejó entrever que la Presidenta entendía la gravedad del asunto.

    El cambio de gabinete fue seguido por una revisión completa a la nómina de subsecretarios, intendentes y embajadores, para corregir las cuotas de poder asignado a los partidos y castigar a los personeros vinculados a las irregularidades investigadas por la fiscalía. Al parecer estos cambios fueron insuficientes para permitir que el gobierno retomara el control. Por eso, arrinconada, la Presidenta finalmente tuvo que admitir que no podría llevar a cabo su programa.

    A primera vista parece claro que se inicia un segundo tiempo en el gobierno. No hay dudas que existe la intención de salir del hoyo. Pero mientras los anuncios no se transformen en realidades, no hay certeza de lo que vaya a ocurrir. En términos prácticos sólo existe la voluntad delgobierno de enmendar el rumbo, pues no ha habido cambios que permitan sostener que efectivamente lo hará. Bien podría ser una estrategia política para ganar espacio.

    El segundo tiempo sólo comenzará si el gobierno se abre a corregir la reforma tributaria, revisar la reforma educacional, transar en la reforma laboral, y posponer la reforma constitucional. En cambio, si el anuncio de la Presidenta queda en la mera intención de moderar su programa, el gobierno continuara cojo, en el primer tiempo. Evidentemente lo primero es lo mejor. No sólo le da un respiro al gobierno, pero es una señal de buena fe que puede reanimar al decaído sistema político.

    En retrospectiva, queda claro que haber pasado la aplanadora debilitó al gobierno. A meses de haber celebrado las reformas hoy abunda la sensación que un camino de dialogo hubiese sido mejor. La reforma tributaria es el mejor ejemplo. Haber optado por una estrategia legislativa expedita no tuvo beneficios ni en el corto ni en el largo plazo. De hecho, todo lo contrario; tuvo un efecto negativo sobre el crecimiento y puso en duda el criterio del gobierno a la hora de enviar reformas al congreso.

    El gobierno ya dio el paso más importante: admitió que el rumbo no era el correcto. Ahora sólo falta que lo demuestre en hechos. El segundo tiempo debe caracterizarse por uno de diálogo, donde irrelevante de la popularidad de la Presidenta y el tamaño de su contingente legislativo, se priorice el debate. Por supuesto esto significa avanzar más lento, pero también significa avanzar más seguro. Y aunque sea doloroso, la Presidenta debe considerar echar pie atrás en reformas que nacieron prematuramente.

  4. ”La Presidenta está más sola que nunca y no se ve por dónde revertir ese proceso”

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    Manuel Vicuña, Decano y académico de la facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales

    Manuel Vicuña, Decano de la facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales

    Para el decano de Historia de la UDP, Bachelet está pagando los costos de su forma de liderazgo.

    Hoy el trabajo del historiador  Manuel Vicuña (45) depende de la amabilidad del escritor y editor Matías Rivas.

    Como la facultad de Ciencias Sociales e Historia de la U. Diego Portales, de la que es decano, está en toma, se quedó sin oficina. Por eso está ocupando la  del director de Publicaciones de la universidad, ubicada en  la señorial casa central de calle Ejército.

    Es ahí donde Vicuña, uno de los principales cultores del ensayo en la academia -autor de ocho libros-, se sienta a repasar el momento que vive la Presidenta Michelle Bachelet, en medio de una crisis política  que no parece terminar.

    Su juicio a su figura es lapidario.

    -Se dice que la Presidenta está sola políticamente. ¿Está de acuerdo?

    -De partida, cualquier cargo de autoridad implica una cuota de soledad. En el caso de la Presidenta al día de hoy eso se ha radicalizado, está más sola que nunca y no se ve por dónde pueda revertir ese proceso. Ella siempre ha sido  muy desconfiada, se ampara en un círculo cerrado y ese círculo se le desbarató con la salida de Rodrigo Peñailillo. Hoy está rodeada de ministros, como por ejemplo Jorge Burgos, con los cuales prácticamente no mantiene relación. No tiene gente en la cual confía y, a diferencia de presientes previos, nunca se ha esforzado por tener una relación fluida con los  partidos políticos.

    -¿ Está pagando los costos de su forma de ejercer liderazgo?

    -Totalmente, porque en el fondo al momento de los problemas no hay nadie que venga a socorrerla. Súmale que ella construyó  su liderazgo sobre la base de los afectos, de los atributos blandos y ahora que se produjo un cortocircuito con la ciudadanía y perdió esos atributos, también se quedó sola, no sólo con respecto a su gobierno, a los partidos, sino que también  al vínculo que mantenía con la mayoría de la ciudadanía.

    -Desde su perspectiva, ¿Bachelet responde a cierta tradición en el ejercicio del poder presidencial?

    -Creo que lo suyo es más bien nuevo. Es mujer y eso supone una relación distinta con la ciudadanía y también con los propios partidos, que son fundamentalmente un mundo masculino y no muy moderno en relaciones de género. Son famosas las reuniones de directivas de partido donde no convocan a las mujeres, aún cuando ejerzan algún cargo en esa directiva.

    Es un liderazgo basado en el carisma, algo que no es del todo novedoso, pero sí muy raro. Uno puede pensar en un antecedente, salvando las diferencias: Arturo Alessandri en 1920, que establece ese vínculo carismático con sectores populares, prescindiendo de los partidos. Otra diferencia es que Bachelet se trata de una Presidenta que, en general, tiene una actitud más bien prescindente respecto del día a día del Gobierno, es la antítesis de Lagos o de Piñera, que manejaban en detalle la información de Gobierno.

    Hablaba de la soledad del poder. Quizás sea una constante en el caso de los presidentes chilenos: uno puede pensar en Allende al momento de su suicidio y Pinochet la noche del plebiscito, absolutamente solos ante la historia.

    -Uno puede pensar en Balmaceda también, aunque quizás no haya mucho punto de comparación. El caso de Allende es el más extremo, porque si bien contaba con el apoyo popular siempre su gobierno, de alguna u otra, fue boicoteado por su propio partido. Eso es totalmente distinto a lo de Pinochet, que, aún cuando se quedó solo esa noche, contaba con el apoyo irrestricto  de una parte importante de la ciudadanía. Su figura más bien es la del dictador que se siente traicionado.

    -Usted estudió la Belle  Epoque chilena y uno de los presidentes de ese período, Pedro Montt, se apoyaba mucho en su mujer.¿La familia sirve como apoyo en momentos de crisis?

    -En el caso del Presidente Montt, su mujer, Sara del Campo, era un  poder oculto en la sombra, era de cierta manera una operadora política a través del salón y de los vínculos sociales que establecía.

    Respecto a Bachelet, yo en el ámbito también la veo muy sola. Me parece que el gran puntal ha sido su madre, quién además tiene olfato político. Pero después  de Caval las relaciones de confianza, el trato cotidiano con su hijo se debe haber visto debilitado.

    La paranoia y la desconfianza

    -Habla de cierto machismo. ¿A un Presidente hombre le harían estas críticas?

    -Yo hablo de cierto machismo en las estructuras partidarias, pero no creo que uno tenga que recurrir constantemente al machismo para explicarse cualquier visión crítica a la Presidenta. Me parece que es un recurso que hay desestimar a estas alturas del baile.

    -¿Ella tiene alguna oportunidad de cambiar esta situación?

    -Lo veo difícil, está como ida en cierta manera. No ha logrado retomar la agenda, no ha logrado volver a ejercer una conducción política;  se la ve muy golpeada, muy sobrepasada por la situación. Tampoco le ha dado a su nuevo gabinete el                                       ‘voto de confianza’ para que ejerza con cierta autonomía la conducción política que ella no esta dispuesta a poner en práctica. Por eso uno ve ministros que parecen caminar siempre al borde de la cornisa, sin dar directrices claras,  siempre respondiendo a la agenda de cada día.

    -¿Habrá cierta ‘psiquis presidencial’ que haga que un Jefe de Estado se sienta solo o traicionado constantemente?¿ La Presidenta se sentirá traicionada en estos momentos: su hijo, Peñailillo?

    -Hay gente más proclive a la paranoia, pero no hay que atribuirlo al cargo en sí mismo. Difícil saber si se siente traicionada. Es muy difícil saber qué piensa sobre los problemas del país, más difícil saber es elucubrar qué pasa por su cabeza con respecto a este tipo de sentimientos.

    -¿Usted sugiere entonces que la Presidenta es un poco paranoide?

    -La República Democrática Alemana, donde se exilió, funcionaba sobre una estructura paranoide. Ahí los vínculos de confianza, incluso las relaciones afectivas, tenían un doble fondo: la persona a quién más tú estimas te podía estar traicionando con los servicios de seguridad.

    Si uno piensa en cómo ella ejerce el poder y cómo intenta blindarse con un círculo de confianza, no digo que suponga paranoia, pero sí un principio de desconfianza más allá de lo habitual, incluso con las fuerzas políticas que la apoyan.

    -Hoy algunos que  le piden a Bachelet  que ejerza un liderazgo fuerte ‘estilo Ricardo Lagos’, por ejemplo, pero muchos se olvidan de que cuando  él dejó la presidencia, en 2006, su estilo molestaba a muchos.

    -Representan liderazgos disímiles. Bachelet marca un cambio de época, abría la posibilidad de un tipo de liderazgo más empático con la ciudadanía, que daba la impresión de un trato más horizontal y que prometía una renovación de la clase política.

    En caso de que vuelva un liderazgo fuerte es más bien una respuesta a lo que ha ocurrido en este Gobierno. Por decirlo así: lo que pasa con Bachelet no es sólo que al día de hoy, dadas las circunstancias, empiece aparecer la añoranza de un liderazgo fuerte ‘tipo Lagos’, lo que ocurre es que ella no ha logrado poner en práctica el tipo de liderazgo que la ciudadanía esperaba de ella.

     

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  5. Los riesgos de que Bachelet caiga del 20% de aprobación

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Según analistas, que la mandataria fuera apoyada por menos de un quinto de la población generaría un escenario complejo: aparición de fuertes deslealtes partidistas, quiebre del bloque gobernante y debilidad del aparato institucional, son algunas de las posibilidades mencionadas por los expertos.

    Se decía que Michelle Bachelet era incombustible y las encuestas así lo demostraban. Dejó su primer mandato con 84% de respaldo y, ni la crisis del Transantiago, ni las críticas por su gestión durante el 27-F, consiguieron minar su credibilidad. Pero fue el destape del Caso Caval en febrero pasado, y la aparición del Caso SQM, lo que produjo que el respaldo a la Presidenta se desplomara definitivamente. Sin poder repuntar, hoy la baja ya es una tendencia: los principales sondeos cifran el respaldo a la mandataria bajo los 30 puntos. En la encuesta semanal de Cadem llegó a 24%, y tanto en los últimos sondeos de CEP y Adimark se registró un 29%. Estos registros son los más bajos obtenidos por Bachelet tanto en su actual administración como en su primer mandato. Los analistas llaman al fenómeno un “espiral de deterioro” y dicen que cuando sólo uno de cada cuatro chilenos entrega respaldo, es porque La Moneda está “en estado de coma”. Y prevén que las cifras seguirán cayendo. “Es probable que su descenso siga en caso de que Bachelet no tome las decisiones adecuadas”, dice Mauricio Morales, director del Observatorio UDP. Según Roberto Izikson, director de Asuntos Públicos de Cadem, “esto no ha tocado fondo, porque ni la Presidenta ni el Gobierno han logrado frenar ni canalizar la crisis política que estamos viviendo. Creo que la Copa América no ha ayudado absolutamente en nada. Que haya ocho cargos sin nombrar le genera costos al Gobierno, esta sensación de pará- lisis y de desgobierno, entonces no sería raro que la Presidenta pudiera seguir cayendo”. Deslealtad partidista y poca proyección del bloque. Según los analistas, mantener los actuales niveles de aprobación y estar ad portas de alcanzar un 20%, conlleva riesgos importantes. Y, dicen, las primeras señales de deterioro ya se están comenzando a ver. Que la gente deje de confiar en la primera autoridad en un país altamente presidencialista y que se desconfíe en el funcionamiento de las instituciones es uno de los peligros que los expertos advierten. Eso sí, explican, en el escenario actual no se puede hablar de “colapso institucional”. Para el analista político y académico de la UAI, Max Colodro, “el riesgo principal es la percepción de falta de conducción y falta de liderazgo, en un país que está teniendo dificultades serias para confiar en las decisiones que están tomando sus autoridades. Eso debilita las instituciones, y tener una Presidenta con estos niveles de deslegitimidad y de cuestionamiento es un riesgo institucional. Eso pone al país en cuadro de debilidad institucional, cuadro al que nos estamos aproximando. La Presidenta va a seguir bajando”. A nivel de partidos el peligro radica en que el bajo nivel de aprobación de Bachelet potencie la crisis interna que enfrenta la Nueva Mayoría. Situación que la semana pasada alcanzó uno de sus puntos más complejos. De forma unánime, los analistas coinciden en que la relación entre la poca aprobación y el tono de los conflictos es directa. Según Morales, “es absolutamente normal que un Gobierno con baja aprobación comience a generar fracturas dentro de su coalición. Los congresistas prefieren distanciarse de un Gobierno impopular en lugar de seguir pagando los costos por apoyar a ese Gobierno.

    Por tanto, es comprensible que busquen agenda propia. El problema es cuando esa agenda propia se transforma en deslealtad. Ahí sí existe un problema grande. Y la Nueva Mayoría no es la excepción”. Así, mencionan el recrudecimiento de las críticas entre la DC y el PC, la arremetida del diputado socialista Juan Luis Castro por el Caso Caval y la eventual censura al vicepresidente del Senado, Alejandro Navarro, como los episodios que muestran deslealtades severas dentro del bloque. Agregan que bajar del 20% de respaldo podría impedir la proyección y posible institucionalización de la Nueva Mayoría. Otro de los riesgos que mencionan los especialistas es que la imagen de la mandataria quede dañada de forma irreversible. La prueba de fuego: las elecciones municipales de 2016. “Los candidatos no necesariamente van a responder a los intereses del Gobierno. No sabemos si tal como sucedió durante la última elección, Bachelet va a ser el rostro de la campaña ¿quién se va a querer sacar una foto con una Presidenta con 20% de aprobación? Eso le quita un peso especí- fico a Bachelet”, dice Izikson. Además de plantear que asociarse a la imagen presidencial hoy puede tener costos demasiado altos, apuntan a la pérdida de liderazgo de Bachelet y cómo los resultados de las encuestas dificultan la posibilidad de que sea precisamente ella quien logre aglutinar y ordenar al bloque oficialista. Peñailillo: la “llave” que podría sellar la baja. Que el descenso en la aprobación continúe depende únicamente de las decisiones que pueda tomar Bachelet. Mencionan que ni el cambio de gabinete ni el impulso de la agenda de probidad fueron medidas suficientes para detener la caída en las encuestas. La Copa América, hasta el momento, tampoco ha generado ventajas para La Moneda. Para Colodro la salida está en que la Presidenta transparente la responsabilidad política que ha tenido en los casos de financiamiento irregular de su campaña y en “decirle al país cosas que esté en condiciones de creer. Hoy lo que la Presidenta ha insistido como su versión son versiones que el país no cree”. Morales plantea que Bachelet debe generar confianza en los empresarios y abandonar definitivamente la tesis refundacional. Así, el principal flanco para la Presidenta y su aprobación es el proceso judicial a raíz del caso SQM. De conocerse nuevos antecedentes o en caso de que la Presidenta se vea involucrada de alguna manera, ese sería el paso definitivo para traspasar la barrera del 20%. Según Müller, “el único que tiene una llave que podría llevar al Gobierno a menos de 20% es el ex ministro Peñailillo. Si su proceso judicial evoluciona mal y se implica a la Presidenta, eso podría llevar al Gobierno a una situación peor que el coma. Ahí estaríamos realmente ante una situación de emergencia”. Plantean que un eventual escenario donde el Presidente es apoyado por menos de un quinto de la ciudadanía no es nuevo en la región y que no es un escenario descartable. Dicen que basta ver la situación de Ollanta Humala en Perú o de Dilma Rousseff en Brasil, donde ambos mandatarios están gobernando con apoyos en torno al 15%. En caso de que Bachelet bajara del 20%, los expertos son tajantes en descartar soluciones fuera de la institucionalidad. Así, una renuncia de la mandataria o un adelanto de las elecciones parlamentarias son medidas solo profundizarían la situación de crisis institucional.

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  6. La inacción del gobierno y el sueño neoliberal

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La lógica del minimalismo forzado por la impericia de La Moneda no deja contentos ni siquiera a los libertarios que creen en un gobierno minimalista.

    La inacción que ha caracterizado al gobierno desde que en febrero estalló el escándalo Caval se ha convertido en la materialización del sueño de un gobierno minimalista. Porque La Moneda ha hecho poco en los últimos cuatro meses, la derecha “libertaria” debiera ser la más contenta con el minimalismo en el que ha caído (contra su voluntad) el gobierno de la Presidenta Bachelet. Pero así como el sueño libertario de gobierno mínimo hace imposible que el capitalismo funcione bien, la inacción en el gobierno pone en riesgo tanto la trayectoria de crecimiento que tuvo Chile en las últimas décadas como la promesa de reducir la desigualdad que llevó a Bachelet a ganar la elección presidencial de 2013.

    En el irónico discurso que dio en la cena anual de los corresponsales en la Casa Blanca en 2006, el comediante Stephen Colbert ironizó sobre el tipo de gobierno que lideraba el Presidente George W. Bush. Adoptando el discurso de extrema derecha de su personaje televisivo, el comediante dijo “yo creo que el gobierno que gobierna mejor es el gobierno que gobierna menos. Con ese estándar, puedo decir que hemos hecho un gran trabajo en Irak”. La ironía de Colbert se basaba en el argumento de la derecha libertaria (“Libertarian” en la nomenclatura política estadounidense) que aspira a un gobierno minimalista. Si bien esa derecha también se opone a que el gobierno se inmiscuya en la vida privada de las personas en temas de orientación sexual o uso de drogas —lo que la acerca a posiciones liberales en algunas dimensiones—, los libertarios creen que los mercados desregulados funcionan mucho mejor. Por cierto, un Estado mínimo, naturalmente, requerirá de impuestos bajos para su financiamiento.

    La postura libertaria es popular especialmente entre aquellos de mejor situación económica, que necesitan menos de la red de protección social del Estado. Pero su ideal de gobierno es impracticable. Porque los mercados tienen imperfecciones, porque hay desigualdades de origen que generan una cancha dispareja y porque es moralmente imperativo tener un contrato social que garantice mínimos a todos los ciudadanos, las sociedades modernas tienen estados que hacen mucho más que las funciones minimalistas que preferirían los libertarios. Después de todo, la vida en sociedad requiere que todos cedamos algo de libertad para poder vivir mejor colectivamente.

    Desde que estalló el caso Caval, el gobierno de Bachelet ha sido incapaz de salir del hoyo en que cayó cuando la Presidenta y su círculo cercano no reaccionaron a tiempo —y después reaccionaron mal— ante el escándalo de especulación inmobiliaria en el que estuvo involucrado el primogénito de la Presidenta.  Las ramificaciones del escándalo Penta, que terminaron en arrastrar a miembros del círculo íntimo de Bachelet por sus vinculaciones con SQM, contribuyeron a que el gobierno se hundiera más en el intento por superar la crisis a través de la negación y de vanos esfuerzos por deslindarse de sus responsabilidades.

    Los escándalos han dominado las noticias en los últimos cuatro meses. El gobierno ha perdido el control de la agenda política y la percepción generalizada en el país es que somos un barco que navega a la deriva en un ambiente económico adverso. La incertidumbre reinante ha repercutido negativamente sobre la economía y, cada vez que aparecen estimaciones sobre lo que va a pasar, las expectativas se tornan más oscuras. Cada día son más las voces que anuncian que este gobierno ya está en etapa terminal. Como la selección de Brasil en aquel histórico partido frente a Alemania en el Mundial de 2014, el segundo tiempo del gobierno será un mero trámite cuyo final se anticipa con ansias —o resignación—.

    Dado que los ímpetus fundacionales del gobierno se han hundido con la caída en la aprobación de Bachelet, algunos en la oposición esperan que el nuevo gabinete sea capaz de enmendar rumbo, corrigiendo algunos errores cometidos en la acelerada aprobación de la reforma tributaria y revirtiendo el impopular aumento de legisladores que acompañó a la reforma electoral. Pero si el gobierno no tiene habilidad para seguir impulsando su agenda, tampoco tendrá capacidad para poner marcha atrás en las reformas que se implementaron hasta enero de 2015. Si el piloto no tiene capacidad de conducción, el auto no podrá salir del hoyo para seguir avanzando, pero tampoco podrá poner marcha atrás.

    Lo único que podemos esperar para los próximos meses es que el gobierno siga involuntariamente cumpliendo el sueño de los libertarios de gobernar lo menos posible. Pero la sociedad necesita que haya un gobierno que ejerza el poder y dirima conflictos entre distintos grupos de interés que ejercen legítima presión para avanzar sus objetivos. Por eso, la lógica del minimalismo forzado por la impericia de La Moneda no dejará contento ni siquiera a los libertarios que creen en un gobierno minimalista, pero eficiente en las pocas cosas que intenta hacer.

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  7. El doctor Jekyll y el señor Hyde en el gobierno de Bachelet

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Hemos visto que la realidad refundacional NM y la dialogante Concertación conviven en La Moneda. Dependiendo del momento del día, predomina una de las personalidades opuestas que han caracterizado a este segundo gobierno de Bachelet.

    Las señales que ha dado el gobierno respecto a su hoja de ruta y a sus planes para cumplir sus promesas de campaña recuerdan la novela de Robert Stevenson, que trata de un hombre con trastorno disociativo de la identidad. A diferencia del trastorno de bipolaridad, que hace que los pacientes pasen de la manía a la depresión, el trastorno del doctor Jekyll y el señor Hyde consiste en que la misma persona tiene dos identidades opuestas. Dados sus actos a favor de la moderación y la gradualidad —como el cambio de gabinete— y a la vez teniendo en cuenta las declaraciones que insisten en un proceso constituyente (cuyos detalles permanecen incomprensiblemente vagos) y en las profundas transformaciones que prometió en campaña, el gobierno alimenta la ya dañina incertidumbre que reina en el país y, peor aún, parece incapaz de decidir si el periodo 2014-2018 se convertirá en el quinto gobierno de la Concertación o en un fundacional primer gobierno de la Nueva Mayoría.

    Desde que se inaugurara la retroexcavadora en 2014, el gobierno de Michelle Bachelet ha impulsado una serie de transformaciones que aspiran a cambiar radicalmente la hoja de ruta por la que ha avanzado Chile desde la recuperación de la democracia. La tesis de que las reformas deben ser graduales y consensuadas —lo que inevitablemente disminuye la velocidad con que se puede reducir la desigualdad pero privilegia el crecimiento de la economía— se ha convertido en una amenaza para los que aspiran a refundar el orden social, económico y político durante el segundo gobierno de Bachelet. Como cualquier percepción de refundación alimenta la incertidumbre, la economía se ha frenado más allá del que debió haber sido el efecto negativo del fin del boom de las commodities. Dado que un país que no crece difícilmente puede reducir la desigualdad, el gobierno de Bachelet se ha visto complicado en su capacidad de cumplir su promesa de emparejar la cancha. Es cierto que el crecimiento no basta para reducir la desigualdad, pero sin crecimiento, ninguna promesa a favor de ampliar las oportunidades y combatir la desigualdad puede ser materializada.

    Como la economía se frenó en 2014, el gobierno se ha enfrentado a los dos peores fantasmas que afligen a cualquier autoridad, un deterioro en la situación económica y una caída en la aprobación popular. Pese a tener a su haber una polémica reforma tributaria, una simbólicamente importante reforma educacional (que será implementada gradualmente y podrá ser revertida por el próximo gobierno) y el cambio al sistema electoral, el gobierno ha pasado buena parte del 2015 contra las cuerdas, producto del escándalo por el caso Caval y su incapacidad para darle una salida política a los escándalos de Penta y SQM. Ante la inacción del gobierno, la Presidenta Bachelet anunció un cambio de gabinete el 6 de mayo que, materializado cinco días después, buscaba enviar una señal clara a la opinión pública y a los actores políticos sobre cuál era la hoja de ruta que tendría su gobierno en los siguientes años.

    Pero el cambio de gabinete no despejó dudas. Por un lado, la llegada de Jorge Burgos a Interior y de Rodrigo Valdés a Hacienda parecía indicar que ahora se impondría la moderación. Pero algunas declaraciones de altos funcionarios de gobierno y la poca claridad sobre la hoja de ruta a seguir que se evidenció en el discurso del 21 de mayo han llevado a muchos a pensar que Bachelet sigue comprometida con la tesis refundacional que caracterizó su primer año de gobierno.

    Las dudas sobre cuál de las dos lecturas es la correcta alimentan más la incertidumbre sobre lo que se viene para Chile. Ya que los mercados prefieren las malas noticias a la incertidumbre —la certeza de una mala noticia siempre puede convertirse en una oportunidad de negocios—, la economía chilena difícilmente retomará el sendero del crecimiento, una condición necesaria para que el gobierno evite caer en el hoyo, todavía más profundo, del descontento social que produce el desempleo. Sin crecimiento, ninguna de las promesas por mejorar la distribución del ingreso y reducir la desigualdad podrá ser materializada.

    Después del cambio de gabinete, muchos se apresuraron a señalar que la retroexcavadora de la Nueva Mayoría ya había sido sepultada y que retornaban las reformas graduales y pragmáticas propias de los gobiernos de la Concertación. En las semanas siguientes, hemos visto que ambas realidades —la refundacional NM y la dialogante Concertación— conviven en La Moneda. Lamentablemente, no es que ambas dialoguen y encuentren un balance, sino que, dependiendo del momento del día, predomina una de las personalidades opuestas que han caracterizado a este segundo gobierno de Bachelet. Como es a la vez el doctor Jekyll y el señor Hyde, este gobierno arriesga decepcionar, a la vez, a los que quieren transformaciones profundas y a los que prefieren avanzar por el camino de la gradualidad.

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  8. Mal anuncio que arruina la buena noticia

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    Académico de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales.

      Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales.

    La forma en que la Presidenta anunció su golpe de timón constituye una preocupante señal sobre la capacidad que tendrá Bachelet de lograr que el país vuelva a avanzar por un buen camino.

    Para nadie era un secreto que el gabinete de la Presidenta Michelle Bachelet no daba para más. Aunque tardío, el anuncio del cambio de gabinete representó un paso en la dirección correcta. Pero la forma en que la Presidenta hizo el anuncio, el plazo de 72 horas que se autoimpuso y la declaración de que todavía no tiene decidido a quién remplazar y qué nuevos nombres integrarán el gabinete; alimenta las dudas sobre su capacidad de liderazgo y su manejo político. Por eso, aunque la noticia sea positiva, la forma en que se hizo pública amenaza con diluir el impacto positivo que debiera tener un recambio en el gabinete.

    Después de demorarse más de seis meses en realizar el ajuste de gabinete —con excusas tan burdas e infantiles como que ella hacía todo lo contrario a lo que le sugerían por los medios de comunicación— la Presidenta Bachelet finalmente se decidió a firmar el acta de defunción de su primer gabinete de gobierno.  Aunque cada cambio de ministros constituye una derrota para el Presidente en ejercicio, los beneficios que puede traer alejar a los miembros del gabinete desgastados, cuestionados o que simplemente no dieron el ancho a menudo superan ampliamente los costos. Aunque algunos miembros del gabinete venían desgastados desde mediados de 2014, el escándalo Caval y la desprolija forma en que el gobierno reaccionó ante los escándalos Penta y SQM hicieron insostenible la permanencia del gabinete actual.

    La señal de alivio que se respira en el ambiente político chileno está inevitablemente acompañada de una percepción de preocupación e incertidumbre. Como la Presidenta Bachelet anunció que le había pedido la renuncia a todo el gabinete, nadie sabe muy bien quién partirá y quién seguirá en sus puestos en 72 horas más. Tan desprolijo fue el anuncio de Bachelet, que el propio gobierno debió salir horas después a anunciar la confirmación en su cargo de Heraldo Muñoz, el ministro de Relaciones Exteriores que actualmente está defendiendo la soberanía nacional en La Haya. Si hubiera reflexionado sobre el anuncio que hizo en el programa de Don Francisco, la Presidenta debió haber excluido a Muñoz de la petición de renuncia.

    Pero la forma en que se producirá este cambio de gabinete también subraya la improvisación y falta de manejo político. Como bien dijera la Presidenta en un par de declaraciones anteriores, los cambios de gabinete no se anuncian, se realizan. La propia Presidenta, en la primera y única entrevista que había dado para aclarar el escándalo de especulación inmobiliaria en el que participó su hijo y su nuera, había advertido que cuando realizara el cambio, no lo anunciaría por televisión. Desmintiéndose dos semanas después, Bachelet anunció su cambio de gabinete en entrevista con el popular animador de televisión Don Francisco.

    La Presidenta también confidenció que “no he tenido tiempo de sentarme a pensar a quién cambio y quién llega”. A diferencia de los hábiles líderes que anuncian sus decisiones después de tomarlas, Bachelet inconscientemente invitó a la opinión pública a un reality de 72 horas de especulación, negociación con las cúpulas partidistas de su coalición y tira y afloja con potenciales candidatos para entrar al gabinete.  Al renunciar a la discreción que permiten las negociaciones y sondeos de personas sin haber realizado el anuncio de un nuevo gabinete —y sin autoimponerse un plazo de 72 horas para anunciar los nuevos nombres— Bachelet limita sustancialmente su campo de acción y queda secuestrada ante los partidos que lucharán por mantener sus cuotas de poder en el equipo de gobierno. Peor aún, como Bachelet además debe cuidar el balance de género en el nuevo gabinete, las limitantes que tendrá la Presidenta para armar su nuevo equipo neutralizarán el efecto del golpe de timón que ella busca dar.

    Los partidos ya han demostrado su enorme capacidad para influir sobre la formación del gabinete. En su primer gabinete, solo semanas después de haber logrado la votación más alta en la historia del Chile moderno, Bachelet anunció su primer equipo reclamando que a ella le hubiera gustado nombrar más mujeres. Presumiblemente, la capacidad obstructora de los partidos evitó que la Presidenta lograra su objetivo. Si cuando recibió el 62% de la votación no pudo nombrar al gabinete que ella quería, ahora que tiene un 30% de aprobación difícilmente podrá imponer su voluntad sobre los partidos de su coalición.

    En su entrevista con Don Francisco, Bachelet habló de su compromiso con Chile y de su ideal de construir una sociedad sin abusos. Si bien nadie puede dudar de la nobleza de los objetivos de la Presidenta, la forma en que ha conducido su gobierno y el estilo de liderazgo que ha privilegiado en su segundo período han hecho que la mayoría de los chilenos crea ahora que el país avanza por el camino equivocado. Lamentablemente, la forma en que la Presidenta anunció su golpe de timón constituye una preocupante señal sobre la capacidad que tendrá Bachelet de lograr que el país vuelva a avanzar por un buen camino.

     

  9. La Moneda crea consejo anticorrupción en medio de críticas de parlamentarios

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    mauricio morales

     

     

     

     

     

     

     

    Entrevista a Mauricio Morales, Director OBPE UDP.

    “En un rato más voy a conocer a los integrantes del consejo asesor y a lo mejor voy a decir no quiero saber nada de estos señores que nos han venido a asesorar, porque quizás qué ‘tracalá’ de personas viene ahí”, expresó el diputado y presidente de RN, Cristián Monckeberg durante una sesión de la Comisión de Constitución de la Cámara, horas antes de que la Presidenta Michelle Bachelet anunciara la conformación de una comisión asesora para generar propuestas de regulación sobre conflictos de interés, tráfico de influencias y corrupción.

    Pese a que Monckeberg luego concurrió a La Moneda para la presentación del grupo asesor, sus palabras reflejaban el resquemor que existe en distintos partidos sobre la utilidad de crear una instancia para propuestas anticorrupción.

    El equipo, compuesto por 16 académicos, economistas, abogados, entre otros, será presidido por Eduardo Engel y tendrá un plazo de 45 días para entregar sus conclusiones (ver nota página 4). Luego de eso vendrá otro plazo para diseñar la reformas legales.

    Sin embargo, en el mundo político y en organizaciones como Chile Transparente, esperaban que La Moneda adoptara medidas inmediatas para frenar lo que ha sido definido como una crisis por casos como Penta, Caval y Soquimich. De hecho, ayer antes de que la Presidenta presentara el consejo, varios insistían en que preferían reactivar la agenda sobre transparencia que ya se encuentra en el Congreso, incluyendo la reforma de financiamiento de la política enviada en enero por Bachelet.

    “El gobierno tiene que actuar rápido. No estar esperando recomendaciones de un consejo asesor por más de excelencia que sea”, dijo el diputado PS, Marcelo Schilling.

    También palabras abogando por la urgencia expresaron los presidente del PC, Guillermo Teillier; del PS, Osvaldo Andrade y del PPD, Jaime Quintana, quienes, no obstante, respaldaron la creación del consejo asesor.

    El Ejecutivo, sin embargo, ayer dio señales de tranquilidad a la clase política. La misma Presidenta en su discurso informó que la idea es desplegar la agenda legislativa de transparencia paralelamente al trabajo del consejo asesor. Incluso, el deseo de la Mandataria es que la reforma sobre financiamiento de la política sea aprobada antes del 21 de mayo.

    Ayer algunos personeros oficialistas salieron a precisar que la idea del consejo asesor no es congelar la agenda vigente, sino reforzarla y ampliarla a otros temas.

    Una de las tareas del consejo anticorrupción será también acoger propuestas de partidos y de organizaciones sociales y académicas. De hecho, los partidos de la Nueva Mayoría propondrán medidas al igual que la UDI y RN.

    “Debe incluirse el límite a las reelecciones y la pérdida del escaño para quien transgrede las normas”, dijo Jaime Quintana, mientras que su par DC, Ignacio Walker pidió “un financiamiento para campañas transparente y realista”, precisando que -a su juicio- son más importantes los contenidos que los plazos.

    Así, la revisión del financiamiento electoral, el endurecimiento de penas al tráfico de influencias, la regulación de los conflictos de interés, una reforma al sistema de nombramientos en cargos públicos y empresas estatales y las inhabilidades de ciertas ex autoridades para volver a trabajar en el mundo privado son algunos de los desafíos que tiene el consejo asesor, según políticos y analistas.

    “Debe surgir una reforma que duela a la política. Debiera tipificarse ciertos delitos electorales y darle jurisprudencia a tribunales que gradualicen penas”, dijo Gonzalo Müller, académico de la UDD.

    “Se debiera definir un cortafuego entre lo público y lo privado, regulando cómo el dinero entra a la política (financiamiento) y la política entra al dinero (ex autoridades que pasan a ser parte de empresas)”, expresó el profesor de la UDP, Mauricio Morales.

    El director ejecutivo de Chile Transparente, Alberto Precht, dice que hay revisar los delitos que pueden cometer autoridades, fortalecer al Servicio Electoral, transparentar a los partidos y reformar el sistema de nombramientos en el Estado. “Chile debe seguir avanzando para los cargos de nominación política sean sólo los necesarios”, expresó Precht.

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  10. Expertos proyectan el nuevo sistema electoral en medio de crisis política

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    mauricio morales

     

     

     

     

     

     

     

    Entrevista a Mauricio Morales

    El descrédito que vive la clase política en nuestro país, envuelta en escándalos como los llamados casos Penta y Caval, que han acentuado la mala percepción que la ciudadanía tiene de ella, es el marco en el cual dos expertos electorales analizan y proyectan el nuevo sistema de asignación de los cupos en el Congreso, y si este puede eventualmente contribuir a dar oxígeno a la alicaída actividad política.

    A pocos meses que el Congreso aprobara la reforma al Binominal, las primeras rencillas electorales ya se están haciendo presentes en la escena política nacional, como sucedió la semana pasada con el duro intercambio de palabras, tanto a través de la televisión como en redes sociales, entre el senador del PS Fulvio Rossi, y el diputado comunista Hugo Gutiérrez, quienes representan a la región de Tarapacá.

    Sin embargo, el académico y miembro del Observatorio Político-Electoral de la Universidad Diego Portales, Mauricio Morales sostiene que la pugna entre el senador socialista y el diputado comunista va más allá de una simple controversia electoral.

    “Algunos está intentando mantener su cupo en el Senado, y otros diputados quieren acceder al Senado, ya sea mediante la crítica al incumbente, ya sea que piensan que con la apertura de un nuevo cupo, ellos van a acceder a esa posición, pero en el caso de Gutiérrez y Rossi, la competencia va mucho más allá de una cuestión electoral, es una competencia mucho más de fondo, y de hecho las prácticas o las peleas en las que han caído a través de Twitter y la prensa termina por desprestigiarlos a ambos”.

    Por otro lado, el Coordinador del Programa Sociedad y Política de Libertad y Desarrollo, Jorge Ramírez, estima que si bien con este nuevo sistema proporcional corregido electoral, se puede oxigenar la política con el ingreso de nuevos rostros al Parlamento, no es resorte del procedimiento eleccionario superar el descrédito en que está sumida la clase política

    “El descrédito de la clase política es un fenómeno mucho más complejo, amplio y multivariable que sólo lo que concierne a la dimensión estrictamente electoral. Claramente esta lógica de los dos grandes bloques, va a tener que coexistir con la aparición de nuevas agrupaciones que, por una cuestión matemática de la aritmética electoral, van a tener más chances o probabilidades de acceder a la representación parlamentaria”.

    El aumento de escaños, hasta cinco senadores por circunscripción, en algunos casos, puede acarrear que incluso la competencia por estos cupos sea al interior de los mismos partidos, entre ellos y con la otra coalición, lo que aumentará la competitividad e incertidumbre de los resultados electorales, sostiene Mauricio Morales.

    “Dentro de la coalición en un distrito que reparta cinco escaños, por ejemplo, va a haber representantes del PPD, del PS, de la DC, del Partido Radical, del Partido Comunista e incluso dos representantes de un mismo partido, y esos representantes o esos candidatos del mismo partido van a competir por el cupo, ese partido va a competir con los otros partidos de la coalición, y la coalición va a competir con la coalición del frente con el fin de acceder a más escaños, por lo tanto va a ser un ambiente mucho más competitivo y menos predecible para los ciudadanos”.

    Para Ramírez, el nuevo sistema podría implicar que la disputa electoral se torne más ideológica y política que antes, ya que desde su punto de vista, la competencia tenderá a ser más entre pactos o coaliciones de distinto signo, cuestión que con el Binominal se circunscribía a la competencia contra el compañero de lista.

    “Con este nuevo sistema, uno podría ver una disputa algo más ideológica, entre las distintas posiciones políticas, dado el hecho que las etiquetas partidarias van a ser más fuertes, se esperaría un debate político un poco más ideológico, y menos cosificado, por decirlo de algún modo”.

    Si bien con matices, ambos especialistas consideran que el nuevo sistema electoral proporcional es un avance con respecto al Binominal, y enfatizan que lo más interesante será el aumento de los niveles de competencia entre las distintas fuerzas políticas que aspiran a alcanzar uno de los 155 escaños de la Cámara, o uno de los 50 puestos del Senado.

    Ver entrevista en Radio Universidad de Chile

  11. Michelle, decime qué se siente

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    mauricio morales

     

     

     

     

     

     

     

    Mauricio Morales

    La última encuesta Adimark muestra un deterioro en la evaluación de la Presidenta, pero un notable sostenimiento de los atributos. Aunque la medición de febrero no captura en su total magnitud la crisis del “Primer Damo”, de todas formas no deja de sorprender la fuerza de sus atributos personales, exceptuando la capacidad para enfrentar situaciones de crisis. El descalabro anunciado por varios no se produjo al menos en esta medición. En un febrero normal, eso sí, la aprobación debió aumentar significativamente.

    Las razones del descenso son múltiples. Primero, la encuesta fue administrada en febrero. Seguramente, el error muestral reportado por la empresa es muy inferior al error real. Esto, por el eventual incremento en las tasas de reemplazo. Adimark no reporta esas tasas, pero es presumible que en febrero hayan aumentado sustantivamente. Segundo, la política no es un tema de gran interés para los chilenos, y menos en un período estival. Tercero, el caso del “Primer Damo” ha causado daños, pero con Penta encima la situación pudo neutralizarse. Dado que en la opinión pública ya está instalada la sensación de empate, Caval sólo vino a confirmar la tesis de que la trampa corre parejo de izquierda a derecha. En cuarto lugar, es posible que los chilenos vean en Bachelet a la madre traicionada por su hijo, quien desobedeció los consejos y valores inculcados en el seno familiar. Sería feo culpar a la madre de las ambiciones económicas de su primogénito cuando, en realidad, su vocación está efectivamente por los más pobres. Al menos, eso ha demostrado. Quinto, es probable que los encuestados piensen que la lenta reacción del gobierno no fue por negligencia de Bachelet, sino que del equipo político. La encuesta muestra que la caída en la evaluación es más fuerte en Peñailillo, Gómez y Elizalde. Ellos fueron al sacrificio y se inmolaron por la Presidenta.

    Lo anterior conduce a una cierta paradoja. El estar cerca de Michelle no es garantía de popularidad cuando ella está encumbrada en las encuestas, pero sí de menoscabo cuando se está en problemas. En otras palabras, la Presidenta suma para sí misma, sin transferir esa popularidad a alguno de sus escuderos o eventuales herederos. Frei Ruiz-Tagle sabe de esto. Pero cuando sus apoyos se debilitan, traspasa ese déficit a su equipo.

    En otras palabras, Bachelet monopoliza la cosecha en tiempos de bonanza, y distribuye las pérdidas en su entorno cuando la cosa anda mal. Al parecer, los chilenos son particularmente puntillosos al momento de distinguir a Bachelet del gobierno, de los partidos e incluso de su propio hijo.

    Otra noticia importante de Adimark es el 45% de quienes se identifican con el gobierno y el 25% que lo hace por la oposición. Frecuentemente esta pregunta es pasada por alto, pero en realidad implica el colchón de apoyo que tiene una administración. Una cosa es “evaluar” a un gobierno, y otra “identificarse” con el mismo. La evaluación implica un juicio, mientras que la identificación es una especie de huella o tatuaje. Perfectamente un ciudadano puede identificarse con un equipo de fútbol, y aún cuando evalúe mal su desempeño, será difícil que se cambie a otro, siendo legítimo criticar su esquema de juego.

    Aún es muy temprano para evaluar si el caso del “Primer Damo” tendrá efectos más negativos y duraderos que el Transantiago, pero claramente son dos momentos que marcarán las gestiones de la mandataria. Debe ser difícil para Bachelet entender que todos sus atributos superen el 50% de evaluación positiva en un escenario complejo. Y le debe generar impotencia no poder traspasar esa popularidad a su propio gobierno, viendo cómo su entorno se deprime mientras ella sale prácticamente inmune. Las próximas encuestas mostrarán si el chaleco antibalas de Bachelet sigue tan fuerte como hasta ahora, o si definitivamente todo se va por el despeñadero.

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  12. Penta versus Caval

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    patricio navia

     

     

     

     

     

     

     

    Patricio Navia

    En tanto ambos escándalos han dominado la agenda política en lo que va de este año, y también han golpeado la ya baja credibilidad de la Alianza y de la Nueva Mayoría, los escándalos de Caval y Penta son comparables. Si bien el caso Penta tiene más aristas, involucra más gente y tiene más potenciales ramificaciones legales y tributarias, el caso Caval golpea más directamente la razón de ser de la coalición involucrada y toca mucho más de cerca al centro del poder de esa coalición.

    Si Penta y Caval pudieran ser entendidos como terremotos, el escándalo Penta ha tenido más réplicas y ha causado más daño en una superficie sustancialmente mayor. El sismo Caval fue de menor duración y golpeó con fuerza una zona muy reducida, pero muy importante. Tal como si un sismo solo dejara inutilizadas las principales minas de cobre del país —sin afectar al resto del territorio—, el escándalo de Caval ha paralizado a la coalición de gobierno.

    En ambos casos, la reacción del liderazgo político en los sectores involucrados empeoró la situación. En la UDI, precisamente por la cercanía de la mesa directiva actual al ex senador Jovino Novoa —y por la relación familiar del Presidente de la UDI con uno de los socios controladores de Penta—, el escándalo terminó por enlodar a todo el partido. Si bien hay muchos legisladores UDI en el Congreso, alcaldes, CORES y concejales que no tienen nada que ver con Penta, la forma en que la directiva abordó la crisis ha dejado instalada la idea de que la UDI era una empresa más del holding Penta. Ahora que se retome el proceso judicial, la decisión de no separar aguas entre el partido y los involucrados en el escándalo hará que el partido más importante de Chile haga noticia producto de las múltiples aristas del caso Penta más que por su compromiso declarado por convertirse en paladín de la clase media y de los sectores populares.

    El caso Penta le pegó fuerte a la derecha. Pero antes del golpe, la derecha ya estaba en el piso producto de la derrota electoral de 2013. En las semanas anteriores a que estallara el escándalo, la Alianza —y en particular la UDI— había encontrado una posible vía de recuperación en la defensa de los intereses de la clase media que aparecía crecientemente dudosa de los efectos que tendrá la reforma educacional que promueve Bachelet. Pero el caso Penta dejó meridianamente claro —en buena medida porque la directiva del partido así lo permitió— que la UDI estaba más preocupada de defender los intereses del empresariado que provee el financiamiento que de la gente que vota por el partido. El caso Penta ha dificultado la reconstrucción política de la derecha. Pero en tanto hay políticos de derecha que no tienen nada que ver con el escándalo, y en tanto las reformas de Bachelet han alienado a una buena parte de la clase media, sigue vigente la oportunidad para que la derecha se reinvente a partir del liderazgos de personas que no estén asociadas con el escándalo. Es más, incluso si la propia UDI finalmente se decide a sacrificar a los políticos más directamente involucrados en el escándalo, el daño para el partido será más acotado.

    El escándalo Caval, en cambio, ha producido mayores estragos porque golpeó duramente a una coalición que venía volando alto. Después de promulgar importantes reformas en enero, la Nueva Mayoría experimentó una caída libre en febrero a partir de las revelaciones sobre el Nueragate. Como el gobierno no supo responder a tiempo, el daño se extendió más allá de lo que era necesario. La tardía respuesta de Bachelet tampoco fue exitosa. La mayoría de los chilenos no le creyó a la Presidenta cuando ella dio su explicación e intentó buscar la simpatía popular en su rol de madre. Además, y esto el gobierno nunca pareció entenderlo, el escándalo Caval golpeaba a la líder más importante de la coalición en su dimensión más personal. El mensaje de lucha contra la desigualdad y el abuso se vio severamente cuestionado por la forma en que el hijo de la Presidenta lucró gracias a su posición de privilegio. Como Bachelet se resistió a pedirle la renuncia —pero después declaró que ella había tomado decisiones difíciles—, la propia Presidenta terminó infligiéndose una herida profunda en su credibilidad y cercanía. A diferencia de la derecha, la Nueva Mayoría no puede extirparse el tumor Caval. Es más, mientras más tiempo pasa, más complejo se ve el escenario para el gobierno.

    Evidentemente, las implicancias legales y judiciales del caso Penta exceden por amplio margen a las del caso Caval. Pero las implicaciones políticas de ambos escándalos son comparables. Es más, porque fue un error no forzado, porque llegó cuando la coalición volaba más alto y porque afecta directamente a la familia presidencial y golpea la credibilidad del principal mensaje del gobierno —y por lo tanto dificulta su capacidad para materializar sus promesas—, el caso Caval ha dolido mucho más en la Nueva Mayoría de lo que dolió el escándalo Penta en la derecha.

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  13. Fin al fuero parlamentario y límite a la reelección. Experto advierte que “el remedio puede ser peor que la enfermedad”

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    mauricio morales

     

     

     

     

     

     

     

    Mauricio Morales

    René Manuel García, diputado de RN que lleva 7 períodos en el cuerpo y 6 repostulaciones a cuestas, dice que apoya el límite a la reelección y señaló que existe una “gran oportunidad para mejorar el mal momento que estamos viviendo”. Eso sí, el analista Mauricio Morales pone los frenos: “Sobrerreacción de las autoridades podría generar la instauración de instituciones ineficientes”.

    En medio del fuerte cuestionamiento que sufren hoy los políticos tras los casos Penta y Caval, independiente del sector ideológico al que pertenezcan, dos medidas restrictivas hacia el actuar de los legisladores fueron instaladas en el debate público luego del término de la temporada estival: el fin del fuero parlamentario y el límite a la reelección en los cargos de elección popular.

    En el primer caso, se trata de la iniciativa que planteó el presidente de la Corte Suprema, Sergio Muñoz,  en el inicio del año judicial 2015, la que aparte de sorprender generó el rechazo de los integrantes del segundo poder del Estado.

    De hecho, la senadora y candidata a la jefatura del PS, Isabel Allende, aseguró que el fuero y la inmunidad cumplen una función importante en la labor del congresista, que muchas veces efectúa opiniones y juicios críticos”.

    Desde la Cámara de Diputados, el representante de RN René Manuel García expresó a Cambio21 que “el trabajo parlamentario requiere de garantías, por eso que necesita el fuero. ¡Cómo se puede fiscalizar estando desaforado!”.

    “Creo que debiera mantenerse, pero no como protección o blindaje, sino que para actuar con tranquilidad, porque es obvio que empresas o personas investigadas podrían responder con ánimo revanchista o de venganza”, agregó.

    Más crítico aún se mostró el analista de la Universidad Diego Portales, Mauricio Morales, quien acusó “sobrerreacción de las autoridades respecto a las medidas restrictivas hacia los parlamentarios”, lo que, en su opinión, “podría generar malas decisiones y la instauración de instituciones ineficientes”.

    “Sin el fuero habrá una mayor dificultad para fiscalizar, lo que en rigor podría ocasionar que las denuncias de los legisladores se transformen en letra muerta, aunque también es evidente que hay denuncias de parlamentarios que son irresponsables, pero que pagan los costos de su irresponsabilidad, y a veces con sanciones”, comentó a este medio.

    Cosa de prestancia

    En relación con el segundo punto, que es el limite a las reelecciones, el diputado García, que lleva siete períodos en el cuerpo y seis repostulaciones a cuestas, dice que “siempre” ha estado a favor de restringir este concepto cada vez que se presenta en tabla en la Cámara Baja y que apoya el “recambio”, pero que al final de cuentas “es la gente la que elige, y lo hace de forma informada”.

    Otra cosa es el mal momento que vive el Congreso Nacional y los políticos en general. Acá el militante de RN no duda: “Si tienen que pifiarnos, que nos pifien a todos. Pero a aquellos que pifien lo mejor es que no se presenten más. Así debe ser la cosa”.

    “Lo que pasa es que los políticos de antes tenían una prestancia que ahora no se da. Hoy no existe respeto; no se respetan las funciones, todos dicen lo que quieren y más encima los partidos los avalan y lamentablemente está llegando la gente menos idónea. ¡Hasta hay opinólogos que hablan de farándula!”, reclamó.

    Sin embargo, el dirigente recuerda que “pase lo que pase siempre habrá un Parlamanto. Por eso que es un gran oportunidad para mejorar el mal momento que estamos viviendo”.

    Parlamentarios con fecha de vencimiento

    Por su parte, el profesor Morales advierte que limitar las reelecciones podría transformarse en un “remedio peor que la enfermedad”.

    “Primero, es la ciudadanía la que elige a sabiendas del tiempo que llevan los parlamentarios. Y segundo, el límite, si bien garantiza una mayor rotación de caras nuevas, al mismo tiempo provoca que disminuya la calidad legislativa, por lo que esos jóvenes o nuevos van a terminar irremediablememte cooptados por los viejos o que llevan más años en el Congreso”, explicó.

    Además, el docente aclaró que “con esta limitante tendremos parlamentarios con fecha de vencimiento, por lo que a la mitad de su gestión van a dejar de visitar sus distritos y circunscripciones y se abocarán a buscar trabajo en vez de legislar, porque cuando llegue el 11 de marzo van a quedarse sin pega”.

    Y para rematar, sostuvo que con ese esquema “se generarán más redes de corrupción, lo que nos llevará a un retroceso  político grave”.

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