Tag Archive: Jorge Burgos

  1. La dupla Lagos-Burgos

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Los dichos del ex ministro Jorge Burgos fueron interpretados como un acto reflejo frente a las declaraciones de Ricardo Lagos. Sostuvo que el país estaba descarrilado y que la Nueva Mayoría finalizaba con este gobierno. En el afán por retratar a un Chile al borde del colapso, ambos personeros han sacrificado públicamente al gobierno de Bachelet. La única forma de justificar el regreso de Lagos al poder es creando un escenario de extrema incertidumbre y, al mismo tiempo, distanciándose al máximo de la Presidenta, aunque eso implique barrer con su obra. Lagos y Burgos tienen claro que el 19% de aprobación presidencial inviabiliza un proyecto de continuidad de la Nueva Mayoría. Por tanto, necesitan sacarse de encima a Bachelet y, además, excluir al PC, partido que ya se opuso a la candidatura de Lagos y que no tuvo buenas relaciones con Burgos cuando fue ministro del Interior.

    El problema del argumento Lagos-Burgos es que no tiene ningún sustento empírico. Al igual que el grupo de intelectuales que mal asesoró a la Presidenta Bachelet al sugerirle una retroexcavadora en el contexto de un Chile supuestamente incendiado, la dupla Lagos-Burgos comete el mismo error. En ambos casos se reproduce el síndrome del pirómano, una especie de disfrute cuando se gatilla una crisis que, en el corto plazo, abre oportunidades políticas para quienes incentivan el incendio. Chile no necesita retroexcavadoras ni bomberos. Es cierto que el país está desacelerado económicamente y que los partidos no generan la misma adhesión que en los ’90. Pero de ahí a sostener que está en riesgo la democracia o dudar de que Bachelet concluya su mandato es, por decir lo menos, una imprecisión.

    En el plano político las declaraciones de Burgos implican un sinceramiento programático del PDC frente a su alianza con el PC. Pero al mismo tiempo, equivale a la claudicación del PDC para competir con un candidato en las elecciones presidenciales de 2017. En lugar de fortalecer a las figuras de su partido, Burgos optó por darles la extremaunción. El mismo Burgos tiene mejores evaluaciones que Lagos según el ranking político de Cadem de julio de 2016. De hecho, Lagos es superado por otros dos líderes DC. Por tanto, resulta incomprensible su apoyo tan incondicional a Lagos teniendo en casa a figuras que perfectamente podrían asumir el desafío presidencial. Incluso, Burgos se puede encontrar con una sorpresa en caso de que Carolina Goic comience a figurar en las encuestas.

    Por último, Burgos también mete en problemas al PS. Dado que su aspiración es replicar la antigua Concertación -es decir, sin el PC-, automáticamente obliga al PS a inclinarse por idéntico derrotero. Si para el PDC es difícil tomar la decisión de acabar con la Nueva Mayoría, más complicado será para el PS abandonar un proyecto de izquierda. Así, la dupla Lagos-Burgos no sólo promueve el quiebre de la coalición, sino que también una lucha fratricida dentro de sus respectivos partidos. Puede que la estrategia funcione y se construya una nueva alianza sin el PC, pero la cantidad de heridos que dejará este proceso hará casi inviable el triunfo de Lagos en 2017.

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  2. Panel habla sobre el eventual fin de la Nueva Mayoría

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    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica Universidad Diego Portales

    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica Universidad Diego Portales

    En esta edición de Mesa Central, los panelistas Gonzalo Cordero, abogado y experto en asuntos públicos y Alfredo Joignant, doctor en Ciencia Política, profesor de la Escuela de Ciencia Política UDP e investigador del COES, conversaron acerca del supuesto fin de la Nueva Mayoría, la entrevista de Jorge Burgos a El Mercurio y la importancia de posicionar las AFP en la agenda.

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  3. El freno a mano

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    Investigador Asistente del Observatorio Electoral del Instituto de Ciencias Sociales de la UDP.

    Investigador Asistente del Observatorio Electoral del Instituto de Ciencias Sociales de la UDP.

    Luego de sólo un año en el gobierno la Presidenta se vio obligada a remover a los ministros de Interior y de Hacienda de sus cargos. Bachelet no tuvo otra opción cuando se dio a conocer la cercanía de Peñailillo con los escándalos de financiamiento irregular y se hizo ineludible la responsabilidad de Arenas en la inestabilidad de la economía. En sus lugares, la Presidenta nombró a Burgos y a Valdés. A diferencia de sus antecesores los nuevos ministros no conformaban parte del círculo cercano de Bachelet. De hecho, eran todo lo opuesto. Llegaron para ponerle freno a mano al ambicioso programa de gobierno.

    La reciente renuncia de Burgos no sorprende a nadie. La corta pero intensa historia de desencuentros entre el ex ministro del Interior y Bachelet se produjo a vista y paciencia de todo el país. No es necesario describir cada uno de los hechos que fueron separando el camino de ambos. Basta con decir que no había otra opción que renunciar. Burgos reinó cansado y frustrado. Aunque llegó para apaciguar el mercado político, el ímpetu del gobierno fue más fuerte. El renunciado ministro del Interior no pudo llevar al barco de vuelta al rumbo que cómodamente navegaba la Concertación.

    Si bien la relación personal entre Bachelet y Burgos no parece haber sido mala, sus roles institucionales los pauperizó. Mientras que la Presidenta buscaba seguir adelante a paso firme sin renunciar al programa del gobierno, el ex ministro del Interior intentaba poner la cuota de realismo. Sería mentir decir que Burgos no logró absolutamente nada. Junto con Valdés no sólo lograron dar una señal de estabilidad en un momento de descalabro político, pero además lograron poner pausa a algunas de las reformas que en un principio parecían ser inevitables.

    Pero también sería mentir decir que Burgos logró su objetivo. Las grandes reformas estructurales siguen en pie. Tal vez con más cautela y mayor reflexión que en un principio, pero siguen adelante. En ningún momento el gobierno ha abandonado su objetivo ulterior de transformar estructuralmente al país en sólo cuatro años. Desde la oposición da la sensación de que Burgos sí puso la pelota en el piso, y logró detener el juego. Pero desde el oficialismo es distinto. Para ellos Burgos sólo llegó a hacer tiempo para que pudieran hacer su juego más tranquilos.

    El freno a mano se rompió, y pusieron a otro. Mario Fernández llega a cumplir el mismo rol que Burgos, dar una señal de tranquilidad en un escenario donde constantemente se pronostica una tormenta. La gran pregunta es cuánto durará. Si Fernández toma un rol activo para frenar el avance del gobierno, la Nueva Mayoría se lo va comer. Si trata de funcionar como un engranaje de freno, se terminará rodando al igual que Burgos. En cambio, si busca tejer alianzas claves con otros actores oficialistas y de oposición que persiguen en mismo objetivo, tendrá mayor suerte.

    Si el rol de Fernández es poner la cuota de realismo, como se anticipa, debe exprimir su habilidad política. Estar en Interior es por esencia un juego de estrategias. Fernández llega a cumplir un rol nada de grato en una coalición de gobierno extremadamente ambiciosa. Deberá navegar cautelosamente alrededor de figuras como Aleuy y Uriarte que buscan imponer el programa de gobierno y la voluntad de la presidenta a como de lugar. No será fácil, pero Fernández es un buen hombre para el trabajo. Si llega hasta el final del cuatrienio, podrá cantar victoria.

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  4. Burgos llegó a desordenar la DC: Quedó la puerta abierta a una candidatura senatorial y a diputados se les mueve el piso

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Renunció un miércoles, se fue un jueves, habló un fin de semana y para el martes siguiente ya tiene una candidatura. El exministro tiene una carrera política tan amplía que ocurrió lo natural y se convirtió en posible candidato. La idea es llegar a La Araucanía, pero esto pasando a llevar a los diputados que ya manifestaron el mismo interés.

    Menos de una semana pasó desde que Jorge Burgos dejara el ministerio del Interior, para que se escuchen distintos pronósticos para su futuro político. Pero es la última la que toma más fuerza. Si bien está en Londres desde que renunció al gobierno, no ha estado ausente de lo que ocurre en Chile.

    En entrevista con un medio nacional, Burgos dejó la puerta abierta a una posible candidatura senatorial por La Araucanía. Esto si es que se lo propone la Democracia Cristiana y solo entonces lo consideraría como un “bonito desafío”.

    El exministro visitó la zona en siete oportunidades, teniendo bajo su responsabilidad a las fuerzas de orden y en el contexto de la violencia en la región, marcados por ataques incendiarios a fundos y camiones. Además, se tiene que tomar en cuenta que en el único viaje de la presidenta Bachelet a la zona, Burgos no fue ni invitado o notificado, siendo el hito de la distancia con la mandataria que finalmente lo llevó a la renuncia.

    En la DC ven en el nombre con prudencia y advierten que aún es pronto para levantarlo como candidato, sin embargo, es en noviembre de este año en que se definen los nombres que cada partido llevará a las urnas, bajo la nueva ley electoral.

    En paralelo, ya existen nombres de aspirantes al senado por la zona y del mismo partido. Se trata de los diputados por La Araucanía Mario Venegas y Fuad Chahín, quienes ya manifestaron su interés.

    No en la Novena

    Consultado sobre el tema, el diputado Venegas dijo a nuestro medio que fue él quien promovió a Burgos como candidato senatorial en la zona en la última elección. Sin embargo, esa situación no es la misma que la actual, por la que desecha la idea de que llegue a Novena región.

    “Esa situación de ayer no es la de hoy. Hoy tenemos gente de la región y creo que por las circunstancias y características del lugar, sería mejor tener un candidato de la zona, y los hay. Jorge Burgos puede ser candidato por cualquier lugar”, explicó.

    “Las condiciones de Burgos lo hacen sin duda un activo del partido que puede ser fácil un candidato en aquellos lugares en que la DC necesita presencia. Yo he decidido competir, así lo he anunciado en distintas estructuras del país, el mismo (ex intendente Francisco) Huenchumilla es una carta… Esto se tiene que resolver aún”, agregó.

    Fuego cruzado

    A vista del director de la escuela de Ciencias Políticas de la UDP, Claudio Fuentes, el nombramiento de Burgos puede ser riesgoso, por lo cercano a su renuncia al cargo.

    “Todas estas señales políticas tan prematuras creo que no son convenientes, porque la ciudadanía espera otro tipo de actitudes ahora. Esta imagen de actores que van de un cargo a otro está siendo muy cuestionado”, dijo el experto a Cambio21.

    Además, Fuentes consideró que durante la época de Burgos, el tema de La Araucanía “fue compleja su gestión y por lo tanto no estoy seguro que sea un candidato fuerte en esa región”.

    “Si surgió el rumor de su nombre se puede deber a que representa a un sector dentro del a DC que tiene cuotas de poder dentro del partido y, en segundo lugar, como forma de compensarlo por su trabajo en el ministerio del Interior. Seguramente van a buscarle una fórmula de compensación para que siga en la carrera política”, agregó.

    Antes, mejor

    El actual jefe de bancada de la DC, Fuad Chahín es uno de los que aspira a un cupo senatorial en la región por la que hoy es diputado. Incluso, de levantarse el nombre de Burgos, su candidatura podría pasar a segundo plano.

    Sin embargo, en conversación con Cambio21, el parlamentario dijo que “Jorge es un gran candidato en cualquier parte de Chile y por lo mismo creo que el partido le pedirá que se postule donde no hay cartas fuertes de la DC”.

    Además, descartó que la propuesta sea arriesgada por su premura, diciendo que “se debe resolver lo antes posible la plantilla parlamentaria, para que colabore en la campaña municipal”.

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  5. Panel habla sobre la renuncia de Jorge Burgos

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    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica  Universidad Diego Portales

    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica Universidad Diego Portales

    En esta edición de Mesa Central, los panelistas Alfredo Joignant, doctor en Ciencia Política y profesor de la U. Diego Portales e investigador del COES y Gonzalo Cordero, abogado, experto en asuntos públicos y uno de los socios fundadores de Azerta, conversaron acerca de la renuncia de Jorge Burgos, ex ministro del Interior.

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  6. Ministro del Interior: de baja energía a energía cero

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Mario Fernández deberá decidir entre dar una pelea para arrebatarle poder a los defensores de la tesis refundacional o bien, siguiendo el ejemplo de Burgos, asumir un papel figurativo que lo convierta en un actor secundario.

    Para ningún observador resulta sorpresivo que el ministro del Interior, Jorge Burgos, haya renunciado. La mala relación que siempre ha tenido Bachelet con sus ministros del Interior permite anticipar que el recién nombrado Mario Fernández seguirá por el mismo camino de desencuentros y descoordinaciones. Tal vez la única diferencia entre Jorge Burgos y Mario Fernández es que mientras el ministro saliente se caracterizaba por su flemática tranquilidad que rayaba en el aburrimiento y desgano, Fernández demostrará todavía menos energía. Felizmente, a diferencia de las altas expectativas que había cuando Burgos llegó a su cargo, nadie espera que Fernández rescate milagrosamente al gobierno de la Nueva Mayoría que ya aparece resignado a pasar a la historia como el de peor desempeño desde el retorno de la democracia.

    La salida de Burgos se parece al fallecimiento de un paciente que lleva varios meses con cáncer terminal. Como el desenlace era inevitable, aunque era difícil anticipar el momento en que ocurriría, la renuncia que hoy se hizo pública no sorprendió a nadie. Igual que la muerte del paciente significa también un descanso para todos los que cotidianamente lo veían sufrir, la renuncia de Burgos representa también un descanso para los que eran testigos de su incapacidad para influir en las decisiones que toma el gobierno de Bachelet. Hace meses que Burgos estaba molesto, incómodo y desganado.

    La llegada de Mario Fernández refleja también lo mucho que ha cambiado el ambiente desde que Burgos fue nombrado ministro del Interior. Cuando Burgos llegó a Palacio, muchos esperaban que el nuevo ministro pudiera poner orden y encarrilar al gobierno por el sendero del diálogo, la moderación, el pragmatismo y el sentido común que tanto se echa de menos de la época de los gobiernos de la Concertación. La llegada de Burgos estuvo llena de altas expectativas. Pero al cabo de unos meses, quedó claro que al gobierno no lo salvaba nadie. Apenas se sintió más poderosa, la Presidenta abandonó la actitud de “realismo sin renuncia” que había adoptado en los meses que siguieron a la llegada de Burgos. El veranito de San Juan concertacionista duró muy poco. Burgos fue superado por la realidad de un gobierno que no creía que debía corregir el rumbo, sino solo ganar tiempo para seguir impulsando sus reformas. Incluso en aquellos momentos que el gobierno reconocía que debía frenar sus impulsos fundacionales —como cuando se acuñó el concepto del fin de la obra gruesa— la embriaguez fundacional se salía por los poros —con Bachelet impulsando un proceso constituyente que busca promulgar una nueva constitución o cuando el gobierno decidió impulsar una reforma constitucional que establezca la titularidad sindical—.

    Por eso, a estas alturas del gobierno, cuando queda poco más de un año para que se inscriban los candidatos para las primarias presidenciales de 2017, nadie deposita muchas esperanzas en lo que pueda hacer el afable y tranquilo Mario Fernández. A lo más, se espera que Fernández intente administrar una retirada ordenada, evitando el quiebre de la Nueva Mayoría antes de que los vientos electorales de 2017 pongan a prueba a la coalición de gobierno menos exitosa de la historia reciente, en términos de crecimiento y creación de empleos.

    El pesimismo reinante sobre la capacidad del gobierno para enmendar rumbo es ampliamente justificado. Nadie puede enmendar rumbo si no está primero convencido de que avanza por el camino equivocado. Como la Presidenta Bachelet está convencida de que está haciendo lo que es mejor para Chile, difícilmente los consejos de un ministro del Interior que cree algo distinto podrán tener efecto.Fernández deberá decidir entre dar una pelea para arrebatarle poder a los defensores de la tesis refundacional o bien, siguiendo el ejemplo de Burgos, asumir un papel figurativo que lo convierta en un actor secundario.  Parece razonable anticipar que Fernández está poco interesado en forzar un golpe de timón que ponga al gobierno de la Nueva Mayoría en el sendero de las reformas moderadas, graduales y pragmáticas.

    Como líder de la Nueva Mayoría, una coalición que se definió a partir de la diferenciación con la Concertación, la Presidenta Bachelet hizo muchas cosas diferentes en su segundo gobierno respecto al primero. Pero hay dos cosas que parecen ser calcadas de su primer gobierno. La primera, y es la que más le debe doler a la Presidenta, es que en ambos gobiernos, Bachelet fue incapaz de proyectar su legado más allá del cuatrienio. Aunque no se sabe aún a quién entregará la banda presidencial en marzo de 2018, parece claro que no será a nadie de la Nueva Mayoría. La segunda es la mala relación que tuvo con sus ministros del interior y la poca importancia política que ellos tuvieron en el gobierno. No hay razón para pensar que la llegada de Mario Fernández a Interior vaya a cambiar ese patrón de conducta.

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  7. Burgos, por los palos

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    En la nueva mayoría, la DC es una alumna con buen desempeño dentro del curso, pero maltratada. La única forma de evitarlo es haciéndose respetar con liderazgos, y la DC cuenta con nombres. Uno tiene ganas, pero las encuestas le han sido esquivas. El otro obtiene mejores resultados, pero escaso entusiasmo.

    Una explicación para el “ninguneo” de la izquierda al PDC es que la falange no tiene liderazgos presidenciales. La DC es vista como un barco sin capitán, sin estrategia y fácil de golpear. Además, como electoralmente sólo gana formando alianza con la izquierda, está obligado a mantener el pacto, aun soportando una serie de desaires. El que tenga al candidato presidencial más popular, manda en la coalición.

    ¿Qué está fallando? El PDC es el partido con la bancada de diputados más grande del pacto, con más concejales, más alcaldes y más Cores. Es un alumno con buen desempeño, pero maltratado. ¿Cómo evitar este maltrato? La única forma es haciéndose respetar. Y en política ese respeto se forja con liderazgos. Si el PDC no entiende esto, seguirá bailando al ritmo de la izquierda, cayendo en la potencial humillación de golpear las puertas de Lagos para enfrentar la presidencial de 2017.

    En función de lo anterior, hice un ejercicio con la base de datos de la última encuesta CEP. Sé que existen múltiples críticas a la pregunta sobre evaluaciones positivas y negativas hacia distintos líderes. La pregunta no mide intención de voto, sino que una percepción de los políticos y su nivel de conocimiento. Así y todo, estar en los primeros lugares del ranking del CEP es una condición necesaria pero no suficiente para predecir candidaturas presidenciales o éxitos electorales. La excepción fue Eduardo Frei en 2009.

    En el PDC está la figura de Ignacio Walker y del ministro Jorge Burgos, que en la última CEP alcanzó a entrar en los “top ten” del ranking. El problema para ambos es que sólo son conocidos por el 57%. Walker tiene una evaluación positiva promedio de un 22%, la que sube en votantes de centro a 36,7%. El problema para Walker es que el centro representa un 6,5% de electores. Dado que el CEP pregunta por una escala de cinco valores (izquierda, centroizquierda, centro, centroderecha y derecha), el centro como tal queda significativamente subrepresentado. Burgos tiene un promedio de 25,8%, pero en votantes de izquierda sube a 38,3%. Esto puede explicarse por su rol de ministro del Interior en un gobierno encabezado por el PS. El problema para Burgos es que esos apoyos de izquierda, cuando llegue el momento de transformarse en intención de voto, irán para Lagos, Allende o Insulza. Ni Walker ni Burgos logran apoyos sustantivos en el grupo de los desafectos que representan el 73,1%.

    Ambos marcan mejor en mujeres que en hombres, y en regiones en comparación con Santiago, aunque en esta última dimensión los líderes de izquierda presentan brechas mucho más significativas. Según nivel socioeconómico, Burgos es más fuerte que Walker en los estratos más altos, pero ambos alcanzan mejores puntajes en los estratos medios, para luego caer bruscamente en los segmentos más pobres. El punto es que electoralmente el PDC tiene más apoyo en los estratos populares, pero esos estratos hoy están con Lagos.

    Por último, muestro un ranking distinto. Excluí a Giorgio Jackson, pues mi idea era analizar a los potenciales presidenciales. Ocupé los nueve políticos que venían detrás de Jackson y adicioné a Ignacio Walker. Esteranking consiste en calcular el porcentaje de evaluaciones positivas según las personas que están seguras de votar en las próximas municipales (40%). Es encabezado por Insulza, seguido por Lagos y Allende. Piñera queda cuarto, y Burgos trepa del décimo al quinto puesto.

    La DC tiene nombres. Uno muestra ganas, pero las encuestas le han sido esquivas. El otro tiene mejores resultados, pero escaso entusiasmo. No es el panorama más auspicioso, pero queda tiempo para corregir.

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  8. El incidente Burgos: todos pierden

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La interrogante es si la recomposición de los ánimos al interior de la coalición será un acto genuino y permanente de recomposición de las confianzas o simplemente nos tendremos que acostumbrar a una coalición que convive sin llegar a quererse.

    ¿Quién ganó o perdió con el “incidente Burgos”? Recordemos que el caso se originó con la decisión de la Mandataria de realizar una visita a la región de La Araucanía. La versión oficial señala que quienes planificaron el viaje no informaron al ministro del Interior. Los hechos posteriores son conocidos: la Democracia Cristiana protestó, el ministro presentó su renuncia, la Presidenta dio explicaciones y le pidió que continuara, Burgos le señaló que “esto no se podía volver a repetir” y decidió pasar el año nuevo en una comisaría en la comuna de Ercilla, y el impasse fue formalmente superado con el encuentro entre la Presidenta de la República y el Presidente del PDC.

    En el incidente todos los actores involucrados perdieron. Veamos:

    El pueblo mapuche perdió, pues a una mal planificada acción comunicacional del gobierno, se sumó este bochornoso impasse que postergó por enésima vez el debate de fondo que se relaciona con la forma en que el Estado de Chile ha intentado resolver la situación de los pueblos indígenas. Se terminó discutiendo sobre las intrigas de Palacio cuando en realidad se debió abrir un debate serio, responsable e inclusivo sobre el despojo que han vivido los pueblos indígenas, la apropiación histórica que se hizo de sus recursos patrimoniales y naturales, y los mecanismos para avanzar en una resolución pacífica y dialogada de este conflicto.

    Pierden los habitantes de La Araucanía cuando las señales que se envían desde las principales autoridades de gobierno se asocian casi exclusivamente con la cuestión de seguridad. Tanto la gira de la Presidenta como la posterior visita del ministro Burgos pusieron especial énfasis en la situación de violencia, sin entrar a debatir los determinantes de ella. Para comunidades que históricamente han sido maltratadas por el Estado de Chile seguramente resulta indignante ver a un ministro del Interior que llega en un helicóptero a la comuna de Ercilla, donde precisamente comenzó el plan de “pacificación de La Araucanía” más de un siglo y medio atrás, y que es recibido por fuerzas policiales en postura de alistamiento. Inaugurar el año con un ministro pernoctando en una comisaría es por decir lo menos violento. Nada se dice de promover un desarrollo económico sensible a las diferencias, del establecimiento de un diálogo de buena fe con las comunidades indígenas, de transformar el enfoque centrado en la seguridad de las políticas gubernamentales orientadas a la región, de la necesidad de promover políticas que reconozcan a Chile como una sociedad diversa, etc.

    Pierde la Nueva Mayoría. Recordemos que por primera vez en 25 años, una coalición de gobierno obtuvo una mayoría sustantiva en ambas cámaras. Dos años de gestión y un cambio de gabinete entremedio no han logrado dar con el tono de esta administración. En un sistema multipartidista los partidos de una coalición están condenados a convivir unos con otros. Encontrar el justo equilibrio entre intereses, ideología y gobernabilidad es complejo pero la solución no puede ser una convivencia basada en la desconfianza y la intriga. Se requiere un acuerdo de gobernabilidad que asegure mínimos programáticos, ideológicos y políticos y es precisamente aquello lo que no se ha logrado. Mientras algunos segmentos del PDC se sienten incómodos en la Nueva Mayoría, otros segmentos en la izquierda buscan agudizar las contradicciones. El acuerdo de gobernabilidad dentro de la coalición no ha cuajado y aquello convierte cada discusión política, cada proyecto de ley, cada acción política que se planifica en un tironeo desgastador y amenazante.

    Pierde la Presidencia, dado que se cuestiona el modelo de toma de decisiones y la estructura de organización en el corazón del gobierno. El centro de gobierno en un sistema presidencial radica en la Presidencia de la República. Allí deben planificarse las prioridades, resolverse los conflictos y articularse a los actores que conforman la coalición. Un centro de gobierno débil afecta seriamente al conjunto de la administración.

    Pierde el ministro Burgos al establecer una demanda imprudente a la Presidenta (que “no se vuelva a repetir”), y al explicitar diferencias con la Presidencia en el manejo de ciertos temas políticos (en este caso, la situación de La Araucanía). En un sistema presidencial un ministro no puede indicarle a la Presidenta lo que debe o no debe hacer. Aquella conversación seguramente privada no debió transcender.

    Pierde la ciudadanía, que se distancia cada vez más de una política centrada en las intrigas y conflictos entre partidos políticos y crecientemente se disocia del sistema político democrático. La “política” se transforma en un espectáculo cruzado por pugnas de poder y carente de debate de ideas, principios o programas. La respuesta ciudadana es desafección y apatía.

    Así, todos(as) pierden con este innecesario incidente. La interrogante es si la recomposición de los ánimos al interior de la coalición será un acto genuino y permanente de recomposición de las confianzas o simplemente nos tendremos que acostumbrar a una coalición que convive sin llegar a quererse.

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  9. Guerra de baja intensidad en la Nueva Mayoría

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Los socios de centro e izquierda se harán daño cotidianamente, pero nunca al punto de forzar el quiebre de esta unión que les ha permitido gobernar el país en 22 de los últimos 26 años.

    Pese a que todos han dado por superado el incidente que llevó a la frustrada renuncia de Jorge Burgos como ministro del Interior del gobierno de Bachelet, es evidente que se ha iniciado una guerra de baja intensidad al interior de la coalición. Las fuerzas conservadoras han encontrado una bandera de combate en la demanda por mayor respeto para la DC, mientras que el ala más radical de la izquierda cree que este es el momento para forzar al PDC a pagar el costo de bloquear las reformas que impulsa el gobierno. Lamentablemente para las fuerzas conservadoras DC, en tanto el PDC no tenga un candidato presidencial propio, todos sus esfuerzos por diferenciarse del resto de la NM serán inútiles. Mientras la izquierda mira con buenos ojos un quiebre en la NM que produzca la salida del PDC, el PDC sabe que el camino propio traerá más costos que beneficios para el partido.

    Al iniciarse 2016, los partidos de la NM comienzan a abandonar a la Presidenta y buscan acercarse a las distintas cartas presidenciables. Aunque la senadora Isabel Allende y el ex Presidente Ricardo Lagos digan que no son candidatos, se comportan y son tratados como si lo fueran. Sus liderazgos serán puestos a prueba en la contienda municipal de 2016. Si los candidatos a alcaldes de los partidos de la NM los buscan para apoyar a sus campañas locales, Allende y Lagos se consagrarán como presidenciables. Corriendo por fuera, Marco Enríquez-Ominami también usará la campaña municipal de 2016 como su oportunidad para tomarse a la NM. Si los alcaldes de izquierda lo llaman más a él que a Lagos o Allende, ME-O tendrá una chance razonable de convertirse en candidato de facto del mundo centro-izquierdista.

    Pero el PDC no tiene un candidato presidencial. Aunque el senador Ignacio Walker no esconde sus ganas, sus camaradas están tan poco convencidos que intentar hacer flotar otros nombres. La más reciente ocurrencia es que Jorge Burgos pudiera ser presidenciable. Aunque no debiera sorprendernos que el partido que nominó en 2009 a Eduardo Frei busque potenciar en 2017 a otro candidato poco inclinado a las sonrisas y carente de carisma, la candidatura de Burgos no parece existir más allá de la cabeza de unos pocos DC. Burgos tiene menos simpatía, cercanía y chispa que el propio Frei.

    Al no tener candidato, el PDC no puede entrar al juego de atraer apoyos de alcaldes y aspirantes a alcaldes de otros partidos. Mientras hay candidatos DC que se tomarán fotos con Lagos y Allende (e incluso ME-O), es improbable que haya candidatos de los otros partidos de la NM que se quieran tomar fotos con Walker o Burgos. Ni siquiera en la derecha, que por años ha llamado al PDC a cambiarse de coalición, hay interés en tomarse fotos con los potenciales presidenciables DC. Incluso los aspirantes de derecha con menos apoyo (como J.A. Kast o Espina) aparecen mejor prospectados que Walker o Burgos.

    Después del encontrón presidencial con el PDC producto del affaire Burgos, las señales de descontento PDC se han multiplicado. Pero además de documentos firmados por reconocidos militantes (ninguno que haya ganado elecciones en años recientes) y jugadas políticas con sabor a venganza (como obstaculizar la llegada del PS Osvaldo Andrade a la presidencia de la Cámara en marzo de 2016), el PDC tendrá poca capacidad de infligir daño real al gobierno. A su vez, aparte de hacer nuevos desaires al PDC o importunarlo en la tramitación de proyectos de ley sobre temas sensibles (como el aborto o el matrimonio igualitario), un gobierno que rápidamente pierde poder no tendrá mucha fuerza para ganar esta guerra de baja intensidad.

    Los partidos de izquierda de la NM, en cambio, si pueden infligir daño al PDC. Porque la NM irá en dos listas en la elección de concejales en 2016, el PDC necesita que el PS rechace la opción de crear un eje de izquierda (PPD, PS, PR y PC) y otro de centro (PDC) en la NM. Si el PDC materializa su amenaza de no votar por Andrade para presidente de la Cámara, el PS reaccionará optando por forjar un pacto con el resto de los partidos de izquierda para la elección de concejales en 2016. En ese gallito, el PDC perderá más que el resto de la NM. Después de todo, la izquierda mira con nostalgia la posibilidad de una coalición amplia del sector sin el freno del PDC, mientras el PDC mira con malos ojos la posibilidad de forjar una coalición con la derecha. Bien pudiera ser que electoralmente la salida del PDC de la coalición de izquierda convierta a la NM en una minoría permanente, pero mientras el PDC no esté dispuesto a sumar fuerzas con la derecha, la amenaza de ruptura en la NM suena a amenaza improbable.

    El escenario más probable en la NM es una guerra de baja intensidad -similar a aquella que por años mantienen unos conyugues que no se llevan bien pero saben que no pueden divorciarse-. Los socios de centro e izquierda se harán daño cotidianamente, pero nunca al punto de forzar el quiebre de esta unión que les ha permitido gobernar el país en 22 de los últimos 26 años.

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  10. Lo que comienza espurio…

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    El titular de Interior correctamente caracterizó la llegada de Jadue a la ANFP como algo espurio. Pero al hacerlo, solo apuntó a la paja de lo espurio en el ojo del fútbol olvidando la enorme viga de lo espurio que descansa en el ojo del gobierno de la Presidenta Bachelet.

    En un lapsus freudiano, el ministro del Interior, Jorge Burgos, al referirse a la renuncia de Sergio Jadue a la Asociación Nacional de Fútbol Profesional de Chile (ANFP), señaló que “lo que comienza espurio, termina espurio”. La frase de Burgos encuentra eco en una opinión pública que duda de los procedimientos al interior de la ANFP. Pero irónicamente, la frase también aplica a las principales reformas que ha impulsado este gobierno. Desde el proceso constituyente hasta establecer la gratuidad en la educación superior a través de una glosa en el presupuesto, el gobierno ha intentado promover reformas profundas a través de mecanismos engañosos. En vez de entrar por la puerta principal, ha querido meter por la ventana reformas que transformarán profundamente la institucionalidad y el sistema educacional superior.

    Desde que asumió como ministro del Interior el 11 de mayo, Jorge Burgos no lo ha pasado bien. Depositario de altas expectativas por parte del sector empresarial y de la oposición, Burgos llegó para contener la retroexcavadora y para dar un impulso a los sectores más moderados –concertacionistas- de la coalición de gobierno. Pero como los promotores de los cambios más radicales -la Nueva Mayoría- tienen el corazón de la Presidenta Bachelet, a Burgos le ha resultado difícil inutilizar la retroexcavadora. Después de todo, si la Presidenta ganó prometiendo que las suyas serían “reformas y no reformitas”, el desafío de Burgos es contener los impulsos de la propia Bachelet.

    Aunque formalmente el Ministerio del Interior no tiene mucho que ver con la ANFP, el fútbol es tema de interés nacional. De ahí que parece razonable que el titular de Interior -ejerciendo como vicepresidente de la República- se refiriera a la intempestiva renuncia de Jadue y su viaje a Estados Unidos, donde presumiblemente se declarará culpable y colaborará con la justicia estadounidense para involucrar a otros altos funcionarios del fútbol internacional en delitos de mayor importancia. Recordando la forma en que Jadue llegó a la presidencia de la ANFP, Burgos reflexionó sobre las cosas que comienzan de forma espuria.

    El comentario de Burgos resultó ser un boomerang. Varias de las principales promesas del gobierno han sido aterrizadas con métodos espurios. La promesa de mayor implicancia política que hizo Bachelet fue la de una nueva constitución. Como candidata, cuando fue presionada para especificar el mecanismo por el cual avanzaría para promover una nueva carta fundamental, Bachelet dijo que el mecanismo no estaba decidido pero que ella “cortaba el queque”, arrogándose el poder para decidir el camino a una nueva constitución. Como presidenta, después de haber demorado el anuncio sobre el mecanismo, Bachelet finalmente se limitó a delinear distintas opciones. En vez de cerrar el tema que ella misma puso en la mesa como candidata, Bachelet irresponsablemente decidió pasarle la papa caliente al próximo gobierno.

    Otro ejemplo de una iniciativa con origen espurio ha sido la reforma tributaria. Después de anunciar que el aumento de impuestos era justificado en tanto los recursos serían destinados a la reforma educacional, el gobierno empujó una mala reforma que no recaudará lo prometido y cuyos recursos irán a una multiplicidad de prioridades -sólo una parte menor irá a la reforma educacional-. Es más, tan mal hecha quedó la reforma, que el gobierno ha reconocido que deberá enviar un nuevo proyecto de ley para reformar la reforma. Así, el gobierno habrá destinado tres de sus cuatro años en el poder para intentar modificar el sistema tributario. Los costos ya han sido enormes. Además de la incertidumbre que produce no saber cuál será la carga tributaria en el futuro, la incapacidad para diseñar una reforma que alcance los objetivos planteados desnuda la falta profesionalidad del primer equipo económico del gobierno.

    Pero de todas las iniciativas espurias de esta administración, la gratuidad en la educación superior es la que más se parece al acto de sacar un conejo del sombrero. En vez de enviar un proyecto de ley que regule esta transformadora y popular iniciativa, el gobierno decidió esconder una de sus promesas más simbólicas de campaña en una glosa de la ley de presupuesto. Además de que la ley de presupuesto no es el instrumento adecuado para regular la creación de una nueva institucionalidad, el gobierno redujo la gratuidad a una cuestión contable -sin entender los efectos que tendría esa profunda reforma en el complejo mercado de servicios educacionales que se ha desarrollado en Chile-. Si queremos buscar un ejemplo de algo espurio en Chile, la forma en que este gobierno ha querido introducir la gratuidad en la educación superior gana la medalla de oro.

    El titular de Interior correctamente caracterizó la llegada de Jadue a la ANFP como algo espurio. Pero al hacerlo, solo apuntó a la paja de lo espurio en el ojo del fútbol olvidando la enorme viga de lo espurio que descansa en el ojo del gobierno de la Presidenta Bachelet.

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  11. Si no hacen lo que yo digo, renuncio

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    En un país descontento con su clase política, cuando un ministro advierte que se irá si no hacen lo que él quiere, habrá una tentación grande a abrirle la puerta para que salga.

    La estrategia del ministro del Interior Jorge Burgos de amenazar con dejar su cargo si el Senado no ratifica a Enrique Rajevic, el candidato a contralor nominado por la Presidenta Bachelet, más que evidenciar la importancia que da el gobierno a esa confirmación, desnuda la debilidad de Burgos como jefe de gabinete. Un político con poder y con una agenda ambiciosa no pone su cargo en juego a menos que los dividendos políticos sean muy altos. Si el Senado rechaza a Rajevic, Burgos deberá renunciar o pagar los costos de quedar en ridículo. Si Rajevic es ratificado, Burgos habrá usado su bala de plata para alcanzar una victoria pírrica. Pase lo que pase, esta nominación confirma que Burgos ya no fue el premier que llegó a dotar de fuerza al gobierno de Bachelet.

    La llegada de Burgos a Interior, en el mes de mayo, fue celebrada como un punto de quiebre para la crisis política por la que atravesaba el gobierno de Bachelet. Después de que el deficiente manejo de Rodrigo Peñailillo agravara la crisis del financiamiento irregular de campañas —y terminara con el propio Peñailillo involucrado en el escándalo—, la Presidenta Bachelet se vio obligada a realizar un cambio de gabinete, remplazando a su hijo político Peñailillo por el candidato privilegiado por los poderes fácticos de los partidos de la Nueva Mayoría, Jorge Burgos.

    Como Peñailillo era cercano a Bachelet, mientras que Burgos representaba a la vieja Concertación que Bachelet había dado por muerta, el nombramiento de Burgos generó dudas en el mundo de la Nueva Mayoría y esperanzas en los nostálgicos de la Concertación. Las fuerzas refundadoras temían que Burgos llegara a frenar la agenda de profundas transformaciones que prometió Bachelet (“reformas, no reformitas”).  La vieja guardia concertacionista respiró aliviada, anticipando que Burgos supliría la carencia de muñeca política que había caracterizado a la administración de Bachelet.

    A cinco meses de asumir, Burgos no ha sido capaz de imponer su sello. La falta de sintonía política con Bachelet ha hecho evidente que Burgos está fuera del círculo que toma las decisiones en el palacio. Las declaraciones de Burgos reconociendo una derrota en La Haya desafinaron frente al discurso oficialista de que en realidad la decisión en contra de Chile era una victoria oculta para nuestro país frente a la pretensión boliviana de lograr una salida soberana al mar.

    Desde su lenguaje corporal, el tono desmotivado de sus declaraciones deja en claro que el ministro del Interior no lo está pasando bien en el cargo. Es cierto que nunca es fácil ser ministro del Interior. También es verdad que ser ministro del Interior de Bachelet es especialmente difícil. La Presidenta privilegia las relaciones personales a las políticas y confunde sus aspiraciones con las limitadas oportunidades que existen para avanzar su agenda. Es difícil ser el jefe político de un gobierno que cree que gobernar es cumplir las irreflexivas promesas del programa de gobierno. Pero se suponía que Burgos iba a llegar a moderar las promesas, a aterrizar las expectativas y a imponer la postura que hacer política implica negociar y hacer concesiones —no solo ‘explicar mejor’, como repetidas veces la Presidenta ha atribuido la causa de la caída en el apoyo a su gobierno—.

    Después de varios meses sin contralor, el gobierno de Bachelet optó por nombrar a un simpatizante del oficialismo que además es funcionario de confianza del gobierno. Sin haber consultado —ni mucho menos negociado— previamente con sus aliados en el Senado, el gobierno creyó que los legisladores oficialistas se sentirían obligados a cuadrarse detrás de la decisión de la Presidenta. Pero la disciplina partidista desaparece cuando los presidentes son impopulares. Es difícil decirle que no a una Presidente con 80% de aprobación. Pero cuando la Presidenta alcanza menos del 30%, es difícil encontrar legisladores que quieran aparecer al lado de la Mandataria.

    Con todo, una derrota para el gobierno sería costosa para toda la Nueva Mayoría. De ahí que hay buenas razones para que el gobierno haya retrasado la votación de confirmación de Rajevic. La Moneda debe hacer todos los esfuerzos posibles para lograr que su nominado se convierta en el próximo contralor. En vez de amenazar, Burgos debiera dedicarse a seducir. Es más, la propia Presidenta debería involucrarse, para convencer a los díscolos senadores de izquierda que se resisten a apoyar a Rajevic. Bachelet puede ser impopular, pero un senador socialista debiera sentir el peso de lo doloroso que es brindarle una derrota a su compañera Presidenta.

    Con todo, una vez más, La Moneda ha demostrado su poca habilidad política y su falta de oficio para llevar adelante las tareas propias de un gobierno. En un país descontento con su clase política, cuando un ministro advierte que se irá si no hacen lo que él quiere, habrá una tentación grande a abrirle la puerta para que salga.

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  12. Sin Michelle no hay equipo

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Son inconducentes las preocupaciones sobre la capacidad para guiar adecuadamente al país de la dupla compuesta por el ministro del Interior Jorge Burgos y el titular de Hacienda Rodrigo Valdés. Mientras el barco del gobierno no esté firmemente guiado por la Presidenta Bachelet, ningún intento de uno o más ministros por tomar la dirección correcta será productivo. Dado que nuestro sistema institucional es fuertemente presidencial, resulta inútil poner la esperanza en que uno o más ministros podrán tomar el control. Si la Presidenta no marca rumbo, el país seguirá a la deriva, por más que dos o todos los ministros hagan fuerza juntos para retomar una hoja de ruta razonable que nos permita salir de la crisis.

    Desde que, a partir de la aparición del escándalo Caval, la Presidenta comenzó a mostrar un comportamiento defensivo, e incluso errático, la arena política ha centrado su atención en la capacidad de los ministros que lideran su gabinete para tomar el liderazgo que la Presidenta no ha querido, o no ha podido, asumir. Después de varios meses de presión para lograr la salida del titular de Hacienda Alberto Arenas, los actores económicos celebraron la llegada del nuevo ministro Rodrigo Valdés. Su reconocida experticia tecnocrática y su cercanía con el mundo empresarial permitían anticipar que las relaciones rápidamente se recompondrían. Pero lamentable, los resultados de la gestión Valdés, a 100 días de haber asumido el cargo, son solo mixtos y apenas dan unas pocas razones para estar optimistas. El ministro ha logrado instalar la idea de que se debe hacer una reforma a la reforma tributaria. Pero el margen que tiene Valdés hoy para operar es tan reducido —por el complejo ambiente macroeconómico internacional y por las constantes aserruchadas de piso que sufre en el gabinete y en su coalición— que difícilmente va a ser capaz de generar las confianzas necesarias para que la inversión vuelva al país y Chile pueda retomar el sendero del crecimiento.

    De igual forma, la llegada de Jorge Burgos a Interior hizo que muchos respiraran aliviados, pensando que eso bastaba para que la dinámica de reformas profundas que había caracterizado el primer año de gobierno fuera remplazada por una lógica más gradualista y consensuada, propia de los gobiernos de la Concertación. Pero a cien días de haber asumido el poder, la gestión de Burgos ha estado marcada más por la frustración. La visita del ex Presidente Lagos a La Moneda, para hablar fuerte y claro, asociando su figura a la idea del orden, solo confirmó que Burgos tiene más llegada con la vieja guardia concertacionista que con la Presidenta Bachelet y su cerrado círculo del segundo piso. Si hay algo claro hoy en el gobierno es que Burgos no ejerce la autoridad que muchos creyeron que el nuevo titular de Interior llegaría a desplegar.

    Por todo esto, no resulta sorprendente que la dupla Burgos-Valdés haya sido incapaz de dar ese golpe de timón que esperaban todos aquellos nostálgicos de la era concertacionista. La dupla tampoco ha sido capaz de tranquilizar a aquellos que, sabiendo que los años dorados del concertacionismo ya no volverán más, aspiran a que haya un gobierno que sepa dirigir al país por la senda de los cambios profundos, pero graduales y consensuados. Tanto los nostálgicos del pasado como los que aspiran a un futuro de más desarrollo consensuado se sienten decepcionados porque la dupla Burgos-Valdés simplemente no dio el ancho. Por la otra vereda, los que aspiran a sacar a la retroexcavadora del fango en que se atascó por el apresuramiento y la irreflexión oficialista de 2014, también están insatisfechos, sabiendo que Burgos y Valdés tienen suficiente fuerza para evitar los esfuerzos por echar a andar la retroexcavadora.

    Esta suerte de empate, entre una dupla que no logró su objetivo pero que logró frenar el avance hacia la refundación nacional que se impuso en 2014, tiene al país inmovilizado —y a muchos creyendo que estamos a la deriva cuando en realidad solo estamos dando círculos sin avanzar en ninguna dirección—. Por eso, da lo mismo si la dupla Burgos-Valdés se quiebra definitivamente o se logra re-articular. Esa dupla ya no sirvió para sacar al país del estancamiento. No fue por la incapacidad o falta de voluntad de los ministros. El problema está en nuestro sistema altamente presidencial.

    En Chile, si el Presidente no empuja en una dirección, el país no se mueve. Cuando los presidentes tienen la visión y determinación para avanzar, el país puede moverse en la dirección correcta (o retroceder). Pero cuando los presidentes no se deciden por alguna de las opciones que tienen a su disposición, el país se estanca o da vuelta en círculos. A menos que la Presidenta tome ahora una decisión que se ha negado a tomar en los últimos meses y opte por una de las opciones —la búsqueda de consensos o la refundación—, ninguna dupla o equipo de ministros podrá sacar al país del estancamiento en el que actualmente se encuentra.

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  13. Corruptos y malos legisladores

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La reforma tributaria deja una lección para el Congreso: es mejor hacer bien las tareas que de manera apresurada.

    A la percepción generalizada de que el Congreso está mayoritariamente habitado por personas carentes de sentido común para entender la existencia de conflictos de interés —e incluso uno que otro abiertamente corrupto— debemos sumar dudas fundadas sobre qué tan responsables son cuando votan las leyes.

    La declaración del presidente del Senado, Patricio Walker, de que es probable que se necesite hacer una nueva ley para corregir los errores de la reforma tributaria de 2014 constituye un reconocimiento tácito de que el primer año del gobierno de Bachelet estuvo dominado por el apresuramiento en el proceso legislativo. Reabrir el debate tributario a menos de un año de haberlo declarado cerrado alimenta todavía más los ya altos niveles de incertidumbre en el país. Peor aún, sugerir que sea el Congreso —conformado por el mismo grupo de irreflexivos legisladores y con una reputación todavía peor— el encargado de corregir su propia mala ley siembra fundadas dudas sobre qué tan buenos serán los ajustes. Igual que un maestro chasquilla que promete (ahora sí) arreglar las cosas después de dejar la embarrada, el presidente del Senado advierte que van a tener que entrar a picar (de nuevo) sin asumir la responsabilidad institucional por enviar una mala ley al Ejecutivo para su promulgación.

    El sistema político chileno es fuertemente presidencial. Solo el Ejecutivo tiene facultad para iniciar legislaciones en cuestiones que involucren presupuesto. De ahí que cualquier reforma tributaria solo puede emanar de un mensaje presidencial. Además, el Congreso debe legislar de acuerdo a las urgencias establecidas por el Presidente. El sistema es tan presidencial que el Ejecutivo puede decretar que una legislación debe tener discusión inmediata, lo que obliga a la cámara respectiva a votar la iniciativa en tres días. Pero el Congreso tiene una enorme capacidad de bloquear al Ejecutivo. Como casi todas las leyes significativas tienen requisitos de súper mayoría —que van de 4/7 a 2/3—, el Congreso puede ejercer presión sobre el Ejecutivo con la amenaza de votar en contra del proyecto. Si bien la reforma tributaria solo requería de mayoría simple, el solo hecho que hubiera voces que expresaron reparos a algunos elementos de la reforma obligó al Ejecutivo a negociar en el Senado.

    En la Cámara primó la borrachera de la retroexcavadora y los diputados irresponsablemente actuaron con la misma premura de una comisión legislativa en tiempos de la dictadura, aprobando lo que envió el Ejecutivo sin cuestionar nada. Pese a los abultados sueldos que reciben, los diputados demostraron una enorme incapacidad para hacer bien su pega de legislar.

    Si bien el Ejecutivo se vio obligado a hacer concesiones —tanto para lograr el apoyo de los senadores díscolos del PDC como para buscar que la reforma fuera aprobada también con votos de derecha—, el Senado no fue capaz de usar su amenaza de bloqueo para lograr que la reforma tributaria alcanzara el objetivo de recaudación y mantuviera el razonable principio de que las mejores reformas tributarias son aquellas que simplifican el código. Buscando minimizar el impacto sobre las pymes, la reforma creó dos sistemas de tributación, generando cuestionamientos inmediatamente entre los expertos tributarios. Pero como La Moneda estaba inspirada por la promesa de “reformas y no reformitas”, el gobierno se obstinó y el Senado terminó por validar y legitimar una reforma que ahora el propio presidente del Senado reconoce que necesita ser sometida a cirugía.

    Si bien es comprensible que el gobierno haya entrado apurado a la cancha, por la presión que tenía para cumplir sus ambiciosas promesas fundacionales, no había motivo para que el Senado se contagiara con la locura del apresuramiento irreflexivo. El Senado se renueva por mitades cada cuatro años precisamente para evitar que todo el Congreso caiga víctima de las pasiones temporales generadas por la politización propia de las campañas presidenciales. Pero el Senado incumplió su tarea de reflejar los intereses de las mayorías de 2013 —que quería reformas— con la mayoría de 2009 —que quería reformas que apuntaban en otra dirección—. En 2014, el Senado se intoxicó con la creencia de que las reformas rápidas eran mejores que las reformas bien hechas. Esa intoxicación incluyó a los legisladores de la Alianza (y a varios de sus dirigentes y líderes que no tienen escaños en el Congreso) que también se embriagaron con la creencia de que las reformas debían hacerse en forma apresurada.

    Hoy, que se empieza a imponer la percepción de que, respecto a la reforma tributaria de 2014, se va a tener que entrar a picar de nuevo, antes de que la reforma se haya terminado de implementar, la lección para el Congreso debiera ser que es mejor hacer bien las tareas que hacerlas apresurado. Para el resto del país, la lección es que no se puede confiar que este Congreso produzca buenas leyes.

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  14. Parlamentarios piden nuevas leyes para regular labores legislativas

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    Fernando García Naddaf, Director del Magíster en Política y Gobierno UDP.

    Fernando García Naddaf, Director del Magíster en Política y Gobierno UDP.

    Apoyo transversal generó la idea de regular la exclusividad de las labores parlamentarias, esto luego que se revelaran las asesorías realizadas por el ex ministro de la Segpres (PPD) Jorge Insunza, mientras era diputado. No obstante, algunos parlamentarios y académicos hacen hincapié en el hecho que no debería ser necesario legislar sobre este punto, y que existiese la autorregulación de estas prácticas.

    Una de las consecuencias que dejó el proceso de cuestionamientos y posterior renuncia del ex ministro Secretario General de la Presidencia (Segpres) Jorge Insunza, fue el debate abierto sobre la exclusividad de las labores parlamentarias que deberían ejercer los integrantes del Congreso, esto a propósito de las asesorías realizadas por Insunza en sus tiempos como diputado, a Antofagasta Minerals, propiedad del Grupo Luksic, en momentos en que también ejercía labores como presidente de la comisión de Minería de la Cámara.

    A raíz de esta situación, se ha planteado la idea de que se regule y legisle para consagrar la imposibilidad de los congresistas de ejercer labores distintas a las actividades parlamentarias, no obstante algunos miembros del Poder Legislativo y analistas ponen el foco en la autorregulación por parte de los políticos, sin que sea necesario generar nuevos cuerpos legales al respecto.

    El diputado (PPD) Tucapel Jiménez, señaló que, si bien hay muchos parlamentarios que no necesitan de una ley para comprender que la labor legislativa implica una dedicación exclusiva, ingresarán un proyecto que regule de manera clara y rigurosa esta incompatibilidad, considerando además los estándares éticos que hoy en día exige la sociedad chilena.

    “No solamente estoy de acuerdo, anunciamos el día sábado con Jorge Tarud que la bancada del PPD va a presentar un proyecto para que esto sea completamente ajustado a la ley, y que no haya ninguna otra interpretación, que esto sea de dedicación exclusiva. Hay muchos que no necesitamos ley para entender que esto era de dedicación exclusiva. Pero mañana presentamos el proyecto, así que esto tiene que ser así, los estándares que hoy día la ciudadanía nos pide, y vamos a hacer todos los esfuerzos para que el Gobierno nos patrocine, porque sin el apoyo del Gobierno ahí puede quedar durmiendo el sueño de los justos”.

    En ese mismo sentido se expresó el diputado de la UDI, Jaime Bellolio para quien resulta evidente la dedicación exclusiva que se le tiene que otorgar a este trabajo, e hizo énfasis en la incongruencia manifiesta en la que cayó el ex diputado Insunza, al realizar asesoría a una empresa minera, en circunstancias que presidía la comisión de marras en la Cámara, instancia de la cual, al menos, se debería haber inhabilitado para continuar con esas labores privadas.

    “Yo comparto plenamente que se regule en una ley el que sea de dedicación exclusiva, pero a mí me parece que era bastante obvio, también, que tenía que ser de dedicación exclusiva más allá de que no lo prohibiera la ley. Otra cosa distinta es que si una persona tiene una propiedad y recibe una renta por arrendamiento, pero en este caso ejercer labores profesionales, además de ser presidente de la comisión en la cual estaba ejerciendo labores profesionales, me parece que es bastante evidente el conflicto de interés, entonces si quería hacerlo, al menos tendría que haberse abstenido de participar de esa comisión, de votar en los proyectos que tenían que ver con minería, y no fue ninguno de esos el caso”.

    El diputado de Revolución Democrática, Giorgio Jackson también fustigó al ex ministro Insunza por sus asesorías a Antofagasta Minerals, e indicó que en las reformas que se están tramitando debe incorporarse estas incompatibilidades: “No es aceptable que alguien que está regulando a un sector, a la vez le preste asesoría. No es aceptable, y por lo mismo la dedicación exclusiva, y las incompatibilidades necesarias que establezcamos para la labor parlamentarias también deberían estar precisadas en las reformas que se están pensando, yo no me lo imagino de otra manera”

    Por su parte, el diputado (DC) Ricardo Rincón calificó como “rídiculo” el hecho de que un miembro del Parlamento haya hecho labores distintas a las de su propia área de trabajo en el Congreso, y describió su rutina como parlamentario para ejemplificar el escaso tiempo del que dispondría para realizar otras tareas.

    “Yo no sé a qué ridículo se le ocurrió hacer algo distinto. A mí me falta tiempo. Estoy durmiendo cinco horas. Tengo que estar en Santiago, Valparaíso, tengo trece comunas en mi zona. Yo no sé quién podría hacer otra cosa que dedicarse a ser parlamentario. Se lo digo sinceramente, donde haya un proyecto, obviamente lo vamos a apoyar”.

    Sergio Espejo, también diputado de la Falange apuntó al hecho de que siquiera se plantee esta discusión, considerando que el objetivo implícito de la remuneración de los parlamentarios –monto que ha sido fuertemente cuestionado, incluso desde el interior del Congreso- es que quien acceda a un escaño pueda dedicarse completamente a esta labor.

    “A mí me llama la atención que esta discusión incluso se plantee. Nosotros recibimos una dieta que tiene, precisamente como objetivo el evitar que haya que realizar actividades adicionales. Y aún más, yo diría que es de todo sentido que uno se dedique completamente a esta actividad, con la excepción de la actividad docente, eventualmente es posible hacer clases, pero yo no veo en qué momento. Yo hacía clases antes de asumir esta función, y como la mayoría de mis colegas, renuncié a mi oficina de abogados, y abandoné todas mis otras actividades porque esto requiere dedicación completa”.

    El director del Magíster en Política y Gobierno de la Universidad Diego Portales Fernando García, coincidió con Sergio Espejo en el sentido que el monto en dinero que representa la dieta parlamentaria implica la exclusividad de las labores en el Parlamento. García destaca además que esta ha sido una de las razones esgrimidas por los propios congresistas para ajustar este emolumento.

    El académico estima que el Poder Legislativo debería propender a la autorregulación y autocontrol de estas situaciones, y no generar nuevas leyes que regulen este comportamiento.

    “Lo que tiene que haber acá es un cambio de tipo autorregulatorio, un tipo de autocontrol que surja de los mismo parlamentarios. Creo que el ejemplo que está dando ahora Insunza, efectivamente pone la discusión hacia ese lado, es decir cómo se puede llevar esto al autocontrol, y lo que queda puesto sobre la mesa es que hoy pocos parlamentarios van a estar en posición de hacer este tipo de asesorías. Yo no sé si es que haría otra ley. No creo que corresponda hacer otra ley por algo que es de suyo evidente”.

    Finalmente, el profesor Fernando García sostiene que el momento en el cual un candidato al Parlamento debe dejar de ejercer otras labores que no sean las netamente legislativas, sólo al momento de ser electo en el cargo, ya que se debe considerar a quienes no cuentan con el respaldo financiero de los grandes partidos políticos.

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  15. Límites a la reelección: pésima idea

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Limitar la reelección de alcaldes y parlamentarios es un ejemplo perfecto de una medida populista. A la gente le gusta en principio, pero no hay ninguna evidencia de que solucione los problemas que busca remediar.

    No hay peor política pública que aquella que, aspirando a solucionar un problema que no existe, crea un problema mayor.

    La sugerencia de la Comisión Engel de establecer límites a la reelección de alcaldes intenta solucionar un problema que no existe —la eternización de alcaldes en sus puestos— con una reforma que creará un nuevo problema (los incentivos para que los alcaldes gobiernen en su último periodo buscando una nueva pega en vez de velar por el bienestar de los habitantes de sus comunas).

    La idea de limitar la reelección de las autoridades electas es popular. En su interés por ver una mayor renovación de rostros, la gente apoya en abstracto limitar la reelección. Pero ya que la tasa de re-elección de los legisladores es alta, es evidente que la gente no es consecuente entre lo que dice querer y lo que hace. Aunque los chilenos apoyan limitar la reelección, votan mayoritariamente a favor de los legisladores en ejercicio. Este es un típico caso de que lo que queremos para el país no es lo mismo que queremos para nosotros.

    En un libro escrito en 2006, titulado “Que gane el más mejor. Mérito y competencia en el Chile de hoy” (coescrito con Eduardo Engel, el Presidente del Consejo Asesor contra la Corrupción) argumentamos contra limitar la reelección de los legisladores. En su último periodo, los legisladores van a estar más preocupados de buscar sus próximas pegas que de los intereses de sus electores. Si queremos inducir más competencia, debemos regular mejor el financiamiento de campañas (los titulares en un cargo siempre parten con ventaja), tener un sistema electoral más competitivo y subsidiar marginalmente más a los desafiantes que a los titulares. Las primarias son un buen mecanismo para inducir más competencia. Tener un sistema más proporcional no ayuda mucho, en tanto los titulares tienen más posibilidades de mantener sus puestos ya que la competencia siempre se da por los últimos cupos en cada distrito (y las primeras votaciones se aseguran rápidamente los escaños).

    La sugerencia de limitar la reelección solo al mismo distrito al que actualmente representa el legislador es una solución aun peor. El legislador en ejercicio tiene acceso a recursos públicos que le permiten financiar equipos de trabajo que se convierten en equipos de campaña. Además, no tiene incentivos para preocuparse de los electores que votaron por él, sino solo de los votantes del distrito al que aspira representar.

    Por todo esto, resulta sorpresiva la sugerencia del Consejo Asesor contra la Corrupción de limitar la re-elección de los alcaldes. El mismo argumento que utilizamos con Eduardo Engel en 2006 aplica para los alcaldes que no van a poder buscar la reelección en sus comunas. En vez de velar por los intereses de sus ciudadanos —que los pueden castigar negándoles la reelección—, los alcaldes en sus últimos periodos se dedicarán a buscar sus siguientes pegas, gobernando para avanzar los intereses de sus futuros empleadores en vez de lo que conviene a los residentes de sus comunas.

    Lo más lamentable de la sugerencia del Consejo Asesor es que aspira a solucionar un problema que no existe. En un trabajo con Kenneth Bunker  (“Tasas de re-elección y longevidad de alcaldes en Chile, 1992-2012” en Mauricio Morales y Patricio Navia (editores) Democracia Municipal en Chile, 1992-2012, Ediciones Universidad Diego Portales, 2012), mostramos que entre 1992 y 2012, en promedio, una de cada tres comunas elige nuevos alcaldes cada cuatro años. Desde 1996, entre un 80% y un 90% de los alcaldes ha buscado la reelección. Pero un buen número pierde. Por eso, una de cada tres comunas tiene alcaldes en su primer periodo, y más de la mitad tienen alcaldes que llevan dos periodos o menos en sus cargos.  En promedio, los alcaldes permanecen poco más de ocho años en sus puestos. En 2012, 182 de las 345 comunas del país (52,7%) escogieron alcaldes nuevos.

    Limitar el número de periodos a dos no alteraría lo que ahora ocurre, pero sí privaría a algunas comunas de mantener en sus cargos a alcaldes que hacen bien su trabajo. Como el sistema electoral para la elección de alcaldes es muy competitivo —porque es de mayoría simple, el que saca más votos se queda con el cargo—, no hay necesidad de introducir una solución (que no es solución, sino que crea problemas) para un problema que no existe.

    Los preocupantes niveles de corrupción en algunas alcaldías no se solucionan limitando la reelección.  Eso equivale a echar a todos los trabajadores porque hay evidencia de robo en una empresa. Hay que establecer mejores mecanismos de control y mayores castigos para los casos de corrupción.

    Limitar la reelección de alcaldes y parlamentarios es un ejemplo perfecto de una medida populista. A la gente le gusta en principio —pero no vota por la renovación cuando tiene la oportunidad—, pero no hay ninguna evidencia de que solucione los problemas que busca solucionar. Incluso, en algunos casos —como la supuesta falta de renovación en las alcaldías— ni siquiera hay evidencia de que exista efectivamente un problema.

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  16. Gabinete: Analistas advierten que deben empoderarse y remarcan desafíos

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Destacan que alza de ministro del Interior, Jorge Burgos, evidencia debilidad de equipo anterior liderado por Rodrigo Peñailillo.

    Poco tiempo para posicionarse y revertir la mala evaluación del equipo anterior-la encuesta comenzó a medirse al día siguiente de la ceremonia de juramento-,la sensación de que además se requería un cambio mayor, pero también desafíos claros para el nuevo gabinete son algunos de los puntos que hacen notar  los analistas consultados por La Segunda:  Patricio Navia, el cientista político Alejandro Olivares (Universidad de Chile), el académico Claudio Fuentes ( Universidad Diego Portales) y el propio director del Adimark, Roberto Méndez.

    Navia estima que el hecho que sólo suba el ministro Burgos en el nuevo gabinete se debe a que ”la gente recién conoce a los nuevos secretarios de Estado y porque además la gente percibe que, pese al cambio de ministros el gobierno sigue atrapado en el hoyo de escándalos. El gobierno hizo el cambio de gabinete y los nuevos ministros entraron al mismo hoyo en que estaban los anteriores. No hay cambió, y eso la gente lo entiende”.

    A su vez, Olivares subraya que ” Peñailillo estaba muy cuestionado … el que siguiera en su puesto era un problema para el gobierno y para él. Burgos es un político de larga tradición que ha estado presente en diversos cargos, que posee capacidad de empatía, y que tiene las líneas abiertas, a diferencia de Peñailillo”.

    Pero también sostiene que ” todos esperaban un cambio en Interior por eso Burgos es el que más sube. Además, hubo semblanzas de él como un negociador, hombre de consensos, y esos fueron elementos positivos que han sido útiles para su conocimiento y aprobación.

    Y añade que ” independientemente de los nombres de quienes llegan al gabinete, hay un descrédito  generalizado sobre la clase dirigente, hecho que es difícil de revertir en poco tiempo”.

    Además, dice , ” no se sabe aún la dirección en que va el gabinete que lleva poco tiempo en su puesto. Mientras no tomen sus propias cartas de navegación, sus propios rumbos será difícil otra percepción”.

    ”La gente quería más”

    ”Fue bien recibido, pero de la impresión de que la gente quería más, que querían uno más profundo” hace notar Méndez, aunque también advierte que ” es poco prematuro evaluarlo a tres semanas”, y que con ” una figura como Rodrigo Valdés, que no tenía historia apolítica, es quizás demasiado pedir” que destacara.

    Lo crucial ahora, dice, es que ” este gabinete se despliegue y se empodere” porque ” hay una gran misión, lograr que esto funcione como lo debe ser: una protección o blindaje para la Presidenta, que hoy se ve sin protección”. De lo contrario , advierte, puede generarse ” un daño grave”.

    Méndez es categórico en que ” si esto no ha ocurrido en los próximos 30 días , sería un grave error” y que empoderar al gabinete ” es una responsabilidad  compartida” entre ” la Presidenta , y que lo nombró pero aún no esta claro que mandato le da, si recuperar las confianzas o sacar adelante el programa” y el mismo equipo  ministerial que tiene que tomar la iniciativa”.

    Fuentes, por su parte, cree que hay que darle un mes más para evaluar bien la percepción pública, aunque  ve que ésta capta  un cambios en las figuras políticas ” y no tanto en los sectoriales ”. Y advierte que hay ” una combinación de expectativas que aún  no se cumplen”.

    ” Este gabinete es menos cercano a la Presidenta, y eso lo puede favorecer, dependiendo cómo actúen los ministros”, añade, pero es tajante en que se medirán resultados: ”Este año tiene que haber reforma a la educación superior y reforma laboral”.

    Ver entrevista en lasegunda.cl

  17. El doctor Jekyll y el señor Hyde en el gobierno de Bachelet

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Hemos visto que la realidad refundacional NM y la dialogante Concertación conviven en La Moneda. Dependiendo del momento del día, predomina una de las personalidades opuestas que han caracterizado a este segundo gobierno de Bachelet.

    Las señales que ha dado el gobierno respecto a su hoja de ruta y a sus planes para cumplir sus promesas de campaña recuerdan la novela de Robert Stevenson, que trata de un hombre con trastorno disociativo de la identidad. A diferencia del trastorno de bipolaridad, que hace que los pacientes pasen de la manía a la depresión, el trastorno del doctor Jekyll y el señor Hyde consiste en que la misma persona tiene dos identidades opuestas. Dados sus actos a favor de la moderación y la gradualidad —como el cambio de gabinete— y a la vez teniendo en cuenta las declaraciones que insisten en un proceso constituyente (cuyos detalles permanecen incomprensiblemente vagos) y en las profundas transformaciones que prometió en campaña, el gobierno alimenta la ya dañina incertidumbre que reina en el país y, peor aún, parece incapaz de decidir si el periodo 2014-2018 se convertirá en el quinto gobierno de la Concertación o en un fundacional primer gobierno de la Nueva Mayoría.

    Desde que se inaugurara la retroexcavadora en 2014, el gobierno de Michelle Bachelet ha impulsado una serie de transformaciones que aspiran a cambiar radicalmente la hoja de ruta por la que ha avanzado Chile desde la recuperación de la democracia. La tesis de que las reformas deben ser graduales y consensuadas —lo que inevitablemente disminuye la velocidad con que se puede reducir la desigualdad pero privilegia el crecimiento de la economía— se ha convertido en una amenaza para los que aspiran a refundar el orden social, económico y político durante el segundo gobierno de Bachelet. Como cualquier percepción de refundación alimenta la incertidumbre, la economía se ha frenado más allá del que debió haber sido el efecto negativo del fin del boom de las commodities. Dado que un país que no crece difícilmente puede reducir la desigualdad, el gobierno de Bachelet se ha visto complicado en su capacidad de cumplir su promesa de emparejar la cancha. Es cierto que el crecimiento no basta para reducir la desigualdad, pero sin crecimiento, ninguna promesa a favor de ampliar las oportunidades y combatir la desigualdad puede ser materializada.

    Como la economía se frenó en 2014, el gobierno se ha enfrentado a los dos peores fantasmas que afligen a cualquier autoridad, un deterioro en la situación económica y una caída en la aprobación popular. Pese a tener a su haber una polémica reforma tributaria, una simbólicamente importante reforma educacional (que será implementada gradualmente y podrá ser revertida por el próximo gobierno) y el cambio al sistema electoral, el gobierno ha pasado buena parte del 2015 contra las cuerdas, producto del escándalo por el caso Caval y su incapacidad para darle una salida política a los escándalos de Penta y SQM. Ante la inacción del gobierno, la Presidenta Bachelet anunció un cambio de gabinete el 6 de mayo que, materializado cinco días después, buscaba enviar una señal clara a la opinión pública y a los actores políticos sobre cuál era la hoja de ruta que tendría su gobierno en los siguientes años.

    Pero el cambio de gabinete no despejó dudas. Por un lado, la llegada de Jorge Burgos a Interior y de Rodrigo Valdés a Hacienda parecía indicar que ahora se impondría la moderación. Pero algunas declaraciones de altos funcionarios de gobierno y la poca claridad sobre la hoja de ruta a seguir que se evidenció en el discurso del 21 de mayo han llevado a muchos a pensar que Bachelet sigue comprometida con la tesis refundacional que caracterizó su primer año de gobierno.

    Las dudas sobre cuál de las dos lecturas es la correcta alimentan más la incertidumbre sobre lo que se viene para Chile. Ya que los mercados prefieren las malas noticias a la incertidumbre —la certeza de una mala noticia siempre puede convertirse en una oportunidad de negocios—, la economía chilena difícilmente retomará el sendero del crecimiento, una condición necesaria para que el gobierno evite caer en el hoyo, todavía más profundo, del descontento social que produce el desempleo. Sin crecimiento, ninguna de las promesas por mejorar la distribución del ingreso y reducir la desigualdad podrá ser materializada.

    Después del cambio de gabinete, muchos se apresuraron a señalar que la retroexcavadora de la Nueva Mayoría ya había sido sepultada y que retornaban las reformas graduales y pragmáticas propias de los gobiernos de la Concertación. En las semanas siguientes, hemos visto que ambas realidades —la refundacional NM y la dialogante Concertación— conviven en La Moneda. Lamentablemente, no es que ambas dialoguen y encuentren un balance, sino que, dependiendo del momento del día, predomina una de las personalidades opuestas que han caracterizado a este segundo gobierno de Bachelet. Como es a la vez el doctor Jekyll y el señor Hyde, este gobierno arriesga decepcionar, a la vez, a los que quieren transformaciones profundas y a los que prefieren avanzar por el camino de la gradualidad.

    Ver columna en ellibero.cl

  18. Claudio Fuentes: ”La presidenta nunca se matriculó con una asamblea constituyente”

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

     

    Anoche en el programa Tolerancia Cero, de CHV, el  cientista político UDP,  Claudio Fuentes, sostuvo que: ”El gobierno, por lo menos en el programa y en las declaraciones de la presidenta nunca se matriculó con una asamblea constituyente”, analizando el nuevo cambio de gabinete, y la entrada de Jorge Burgos en la cartera del Interior.

    Ver entrevista en CHV.cl

  19. Los costos del giro al centro de Bachelet

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    De poco servirá que Bachelet insista en sus promesas, la realidad es que el primer gobierno de la Nueva Mayoría parece encaminado a convertirse —para bien y para mal— en el quinto gobierno de la Concertación.

    Mientras más lo niegue el gobierno, más evidente es que el cambio de gabinete realizado por la Presidenta Bachelet apunta a retomar el estilo moderado y gradualista que habían privilegiado todos los gobiernos desde el retorno de la democracia. Pero precisamente porque Bachelet llegó por segunda vez al poder enarbolando las banderas de las reformas, no las reformitas, y prometió cambios refundacionales, el giro del gobierno alimentará el descontento entre las tropas de izquierda que creían haber logrado remplazar la gradualidad pragmática de la Concertación con la retroexcavadora fundacional. Lo que Bachelet ganará en aplausos en el mundo empresarial, en la derecha y entre las voces moderadas; se convertirá rápidamente en pifias entre aquellos que creyeron que Bachelet venía a coronar el nacimiento de un nuevo ciclo.

    Aunque el cambio de gabinete anunciado en una entrevista en televisión con Don Francisco inevitablemente se convertirá en una recordada anécdota, el cambio de timón que parece haber dado Bachelet al pasar a retiro a los dos principales símbolos de la Nueva Mayoría —el titular de Interior Rodrigo Peñailillo, su brazo derecho político por varios años, y el ministro de Hacienda, principal artífice de la polémica reforma tributaria—, bien pudiera también pasar a la historia como el giro más radical en prioridades y estilos realizados por un gobierno desde el retorno de la democracia. La señal a favor de la gradualidad, el diálogo y las viejas costumbres de privilegiar el crecimiento como condición necesaria y anterior a la reducción de la desigualdad fue ampliamente celebrada por la plaza de poderes fácticos.

    Es verdad que persisten dudas sobre el verdadero compromiso de Bachelet con las prioridades concertacionistas. Después de todo, fue la propia Bachelet la que enterró a la Concertación en 2013.  Parece razonable creer que, de recuperar saludables niveles de aprobación, la Presidenta vuelva a adquirir las ínfulas refundadoras que dominaron en su administración durante 2014. Pero como ya tiene la tarjeta amarilla del frenazo económico, de la desaprobación popular y del escándalo Caval, la Presidenta probablemente se irá con más cuidado y no dará rienda suelta a sus ímpetus de transformaciones demasiado profundas.

    Si bien está pendiente que la Mandataria se pronuncie sobre cómo quiere realizar el proceso constituyente, el nombrar como titular de Interior a un político que ha sido abierto crítico de una Asamblea Constituyente (AC) hace prever que la nueva constitución será más bien una reformita que una gran reforma.

    Este giro hacia el centro es visto desde la izquierda más radical como una capitulación ante la derecha y el viejo orden concertacionista. Después de dudar del compromiso de Bachelet con las reformas profundas que entonces pedían, los líderes estudiantiles que pusieron al gobierno de Piñera contra la pared en 2011 terminaron llegando de la mano de Bachelet al poder en 2013. O al menos, eso creían ellos. Y eso dio a entender el gobierno en su primer año. Ahora, esos mismos líderes deben estar decepcionados de ver en la conducción política a un representante de la vieja guardia. Así como los líderes estudiantiles de 2006 acusaron a Bachelet de haber traicionado sus promesas, los líderes de 2011 deberán aceptar que los ímpetus refundacionales difícilmente se materializarán en lo que resta de este gobierno.

    Si las encuestas acompañan a Bachelet y su aprobación se recupera, el flanco más izquierdista de la Nueva Mayoría deberá tragarse su descontento. Pero si en cambio el gobierno sigue tropezando con escándalos y la Presidenta es ambigua respecto a qué dirección quiere tomar —alimentando con declaraciones amigables las expectativas refundacionales de los más radicales—, La Moneda comenzará a recibir fuego despechado desde la izquierda.

    En buena medida, la decepción de la izquierda es responsabilidad de la propia Bachelet, que alimentó expectativas de promesas que ella no estaba dispuesta a cumplir. Su ambigüedad sobre la forma en que promovería una nueva constitución llevó a muchos partidarios de la AC a creer que Bachelet compartía ese objetivo. Pero ahora que ha entregado las riendas del país a dos representantes del ala moderada, la izquierda siente la tentación de llamarla cobarde o traidora. De poco servirá que Bachelet insista en sus promesas a favor de una nueva constitución o educación universitaria gratuita para todos, la realidad de los hechos es que el primer gobierno de la Nueva Mayoría parece encaminado a convertirse —para bien y para mal— en el quinto gobierno de la Concertación.

    Mientras el mercado celebra ese giro, la izquierda lo resiente. Pero será el país, a través de las próximas encuestas, el miembro dirimente del jurado. Si la gente aprueba este giro, Bachelet podrá resistir a las críticas de la izquierda. La aprobación de la opinión pública será un premio de consuelo más que atractivo para poder soportar el castigo del sector que siente más cercano.

     

  20. Alfredo Joignant trata de ”banal” a Max Colodro

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    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica  Universidad Diego Portales

    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica Universidad Diego Portales

    Anoche, en el programa ‘El Informante’ de TVN, conducido por el periodista Juan Manuel Astorga, se debatió sobre las repercusiones políticas y sociales tras el cambio de gabinete llevado a cabo por la Presidenta Michelle Bachelet. El panel estaba integrado por los abogados Axel Kaiser y Juan Carlos Eichholz, la ex ministra Laura Albornoz y el doctor en Ciencia Política, Alfredo Joignant.

    Este último aprovechó la ocasión para criticar a su par Max Colodro, quien había realizado un análisis en La Segunda respecto al alejamiento constante que ha tenido la Presidenta con sus colaboradores más cercanos, a lo largo de su carrera política. “Ella es muy fría y siempre opera en función de sus intereses, más allá de los de un grupo humano. Y cuando esos intereses se ven afectados por otras personas, simplemente corta con ellos”, dijo el analista.

    Joignant comenzó advirtiendo que existe una cierta “fanfarronería analítica”, dejando en claro que Max Colodro es un filósofo y no un sicoanalista. “Max comienza a interpretar la soledad de la Presidenta en términos de egoísmo, que piensa sólo en sus intereses, una cosa que francamente termina siendo muy desagradable. En circunstancias que aquí se están jugando cosas demasiado de fondo como para dejar pasar análisis de esa naturaleza, un poquito gratuita e impunemente”, señala el cientista político de la UDP.

    A renglón seguido, el conductor del espacio pregunta: “¿Es posible que llamemos a Max Colodro?”. Cuando el diálogo fluía entre los invitados, Astorga confirma que se han logrado comunicar con el interpelado cientista político. Este, agradece la oportunidad y aclara que nunca ha escrito una columna de opinión sobre la soledad de Bachelet, “yo le contesté a una periodista que estaba haciendo un reportaje sobre la razón por la cual la Presidenta ha tenido problemas con gente de su entorno y con gente que ha terminado por alejar, como es el caso de Rodrigo Peñailillo”.

    Entonces, Joignant insiste: “El tema no es la soledad en sí mismo. Son los epítetos que Max de manera muy imprudente señala en esa conversación. Decir que la Presidenta es egoísta, piensa en sus intereses, ¿qué es eso? Eso termina siendo ofensivo”.

    “Yo no he dicho que la Presidenta es egoísta”, exclama Colodro.

    “Lo estoy leyendo, lo dijo tal cual”, responde Joignant, quien es apoyado en ese minuto por la ex ministra Albornoz: “¿Quién tiene La Segunda?”.

    “La reflexión que hace Max es una reflexión de superficie, por no decir superficial, en circunstancia de lo que está presente son reformas de fondo que no se han detenido (…) no se trata de si la Presidenta sólo piensa en ella, eso es banal”, concluyó el invitado.

    Ver entrevista en TVN.cl

  21. Bachelet aplica cirugía mayor en el Gobierno

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, concretó ayer su anunciado cambio de Gabinete y removió a su jefe de ministros, así como al titular de Hacienda, en un intento de aplacar la crisis de confianza y dar una señal de moderación en la nueva etapa de su gobierno.

    Catorce meses después de haber asumido su segundo mandato y con un nivel de popularidad históricamente bajo (29%), Bachelet cambió a nueve de sus 23 ministros, cinco de ellos dejaron definitivamente el Ejecutivo.

    “Hoy es tiempo de dar un nuevo impulso a la tarea de Gobierno, y en esta nueva fase tan exigente como inspiradora, se requiere poner renovadas energías y rostros nuevos”, señaló la jefa de Estado, al revelar la composición de su nuevo equipo de trabajo.

    SEMANA PASADA
    En un golpe de timón, la mandataria había anunciado el miércoles que le solicitó la dimisión a todos sus ministros en un intento por sortear la crisis abierta tras una serie de escándalos de corrupción política, uno de los cuales tiene a su propio hijo como protagonista.

    Las modificaciones fueron drásticas, al dejar fuera a tres de los titulares de cartera más importantes (a su jefe de Gabinete y a los ministros de Hacienda y de Gobierno) y quienes formaban parte de su círculo más estrecho.

    “Es un cambio de hoja de ruta (…) no es un cambio cosmético, es uno político y como todo cambio político va A implicar una reevaluación en el proceso reformista”, dijo Mauricio Morales, de la Universidad Diego Portales.

    Esencial
    Movimientos

    El cambio principal en Chile correspondió al Ministerio del Interior, donde el hasta ahora ministro de Defensa, el democristiano Jorge Burgos, reemplazó a Rodrigo Peñailillo, del socialdemócrata Partido Por la Democracia (PPD).
    Bachelet también sustituyó al ministro de Hacienda, Alberto Arenas, cuyo puesto será ocupado por Rodrigo Valdés, hasta el lunes presidente del Banco del Estado.
    María Fernanda Villegas, ministra de Desarrollo Social, fue reemplazada por el hasta ayer subsecretario de esa misma cartera, Marcos Barraza.

  22. Bachelet presenta su nuevo gabinete en un intento de superar la crisis política

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    La presidenta chilena Michelle Bachelet concretó este lunes su anunciado cambio de ministros, removiendo, entre otros, a su jefe de gabinete y al titular de Hacienda. La socialista espera así aplacar la crisis de confianza que enfrenta su gobierno – y la clase política chilena en general – tras la revelación de una serie de escándalos de corrupción.

    “Hoy es tiempo de dar un nuevo impulso a la tarea de gobierno y para esta nueva fase se necesitan renovadas energías y rostros nuevos.” Así se justificó este lunes la presidenta socialista Michelle Bachelet al hacer público los cambios en su gabinete.Tras el sorpresivo anuncio de la semana pasada y en un intento de superar la crisis de popularidad que enfrenta, Bachelet cambió a nueve de sus 23 ministros de Estado, cinco de los cuales dejan definitivamente el gobierno.

    Patricio Navia, Académico de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales.

    Patricio Navia, Académico de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales.

    Entre los removidos se encuentra el ex ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, de 41 años, uno de los más estrechos colaboradores de la mandataria al punto que era considerado como su “hijo político”. Peñailillo paga principalmente su mala gestión de la crisis que enfrentó el gobierno al destaparse el millonario negocio de especulación inmobiliaria que realizó el hijo de Bachelet, Sebastián Dávalos, y su nuera. El que era considerado un símbolo de la renovación política en Chile cayó en desgracia también al aparecer vinculado a un sonado caso de financiación irregular de la actividad política.

    En su remplazo fue nombrado el que era ministro de Defensa, el democráta cristiano Jorge Burgos, considerado como parte de la “vieja guardia” de la coalición de gobierno que va desde el centro hasta los comunistas.

    Inédito cambio de ministro de Hacienda

    Por otra parte, la presidenta chilena anunció el relevo de su ministro de Hacienda, Alberto Arenas. Un hecho inédito desde el retorno de la democracia en 1990. El ex ministro Arenas logró sacar adelante una importante reforma tributaria para financiar la reforma educacional, demanda del fuerte movimiento estudiantil, pero se enfrentó a importantes resistencias del sector empresarial.

    Lo remplaza a la cabeza de Hacienda el ex presidente del Banco Estado, Rodrigo Valdés. De 58 años, el ingeniero comercial con especialización en economía trabajó en el Fondo Monetario Internacional (FMI) entre 2009 y 2012, por lo que se podría tratar de un guiño a los mercados.

    Bachelet resolvió además remover a su portavoz oficial, Alvaro Elizalde, quien será reemplazado por el exembajador de Chile en Argentina, Marcelo Díaz, además de retirar de sus cargos a la ministra de Cultura y la de Desarrollo Social.

    Un cambio político hacia más moderación

    Otros ministros por su parte cambian de roles. La ex ministra secretaria general de la Presidencia, Ximena Rincón, pasa a encabezar el ministerio del Trabajo. La ex ministra del Trabajo, Javiera Blanco, toma la cartera de Justicia y José Antonio Gómez, exministro de Justicia, el ministerio de Defensa.

    La Cultura cae en manos del independiente Ernesto Ottone y, al tomar las riendas del ministerio de Desarrollo social, Marcos Barraza se convierte en el segundo ministro comunista del actual gabinete.

    “No es un cambio cosmético sino uno político y va implicar una reevaluación en el proceso reformista”, dijo a la AFP Mauricio Morales, politólogo de la Universidad Diego Portales en Santiago.

    La prensa de derecha chilena destaca este lunes el aumento del número de ministros DC en detrimento de los PS. Por su parte, el politólogo Mauricio Morales evaluaba el paso de Burgos a Hacienda como “un golpe en el mentón a la izquierda más recalcitrante, a esa izquierda refundacional que quería cambiarlo todo.” “Burgos buscará acuerdos y va a promover una agenda moderada”, agregó el politólogo.

    Este nuevo gabinete da “una señal de moderación”, opina también el analista político Patricio Navia, “pero la presidenta logró mantener un equipo que sigue siendo leal a ella.”

    Entre los que se quedan, destaca el caso del ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, quien encabeza una de los principales reformas sociales prometidas por la mandataria para instaurar educación pública, gratuita y de calidad, y el canciller Heraldo Muñoz quien fue confirmado ya la semana pasada.

     

    Ver entrevista en rfi.com