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  1. Resultados de la Encuesta “Radiografía al Congreso: ¿Hay agua en la piscina para reformas políticas?”

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    El Laboratorio Constitucional de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales realizó una encuesta cara a cara a integrantes del Senado y la Cámara de Diputados. Presentamos aquí el capítulo sobre reformas político-institucionales.  La encuesta se realizó entre los meses de mayo y agosto de 2018 y tuvo una tasa de respuesta del 92,4% del total de congresistas. Proyecto FONDECYT coordinado por el profesor Claudio Fuentes S. de la Escuela de Ciencia Política. El trabajo de campo lo realizó la empresa Subjetiva.

    En esta oportunidad presentamos aquellos temas relacionados con el perfeccionamiento de la democracia.

    El estudio consideró la opinión de los congresistas sobre los siguientes ámbitos institucionales:

    • Modificación del período presidencial
    • Límite a reelección de congresistas
    • Voto voluntario/Obligatorio
    • Tribunal Constitucional—su naturaleza y atribuciones
    • Congreso Uni/bicameral
    • Régimen de gobierno presidencial/semipresidencial/parlamentario
    • Reforma vs. Nueva Constitución

    Alto consenso en cambiar período presidencial y limitar reelección de congresistas

    Se verifica un alto consenso político transversal para modificar el período presidencial (91,3% de acuerdo) y limitar la reelección de los y las congresistas (75,4% de acuerdo). No obstante, la fórmula específica de cambio es la que suscita divisiones que no se asocian necesariamente a posiciones ideológicas.

    En el caso del cambio del período presidencial, el 48,6% se muestra inclinado por una fórmula de 4 años con 1 reelección inmediata, y un 34,4% lo hace por los 6 años sin reelección. Los diputados se inclinan con mayor intensidad que los senadores por la primera opción. A nivel de partidos, vemos que la opción de “4 años + 1 reelección inmediata” suscita el apoyo mayoritario de la UDI y RN en la derecha, y del PS, PC y RD en la izquierda.

    En cuanto a la limitación de la reelección de congresistas, el 75,4% favorece aquella opción. Para la reelección de diputados, un 44,8% de los legisladores prefiere 2 reelecciones (12 años en el cargo), mientras que un 42,6% se inclina por 1 reelección para senadores (16 años en el cargo).   Los diputados tienen a favorecer la opción de las 2 reelecciones de los propios integrantes de la cámara baja un poco más intensamente que el promedio (46,6%), mientras los senadores tienden a favorecer el límite de 1 reelección en su propio cargo un poco menos que el promedio (40,5%).

    Mayoría favorece el voto obligatorio.        

    Uno de los resultados más llamativos es la opinión mayoritaria (66,7%) favorable a que la asistencia a votar sea obligatoria. En la Cámara Baja esta opinión es más intensa que en la Cámara Alta (67,8% vs. 62,2% respectivamente).  En los partidos de la ex Nueva Mayoría esta opinión es muy mayoritaria (80%), mientras que en el Frente Amplio alcanza al 65% y en Chile Vamos al 50%.

    A nivel de partidos, quienes más favorecen el voto obligatorio son el PRSD, RD, DC, PS y PC. Quienes se muestran más inclinados por el voto voluntario son la UDI, representantes del Frente Amplio que no son de RD, y Evópoli.

    Además de la variable ideológica, encontramos que son las mujeres congresistas quienes tienen una inclinación más favorable al voto obligatorio que los hombres. Otra variable relevante es el tipo de colegio donde estudiaron: quienes estudiaron en colegios particulares subvencionados tienden a ser menos favorables al voto voluntario en relación a los congresistas provenientes de colegios municipales y particulares pagados. La macrozona de procedencia y la edad no son variables que discriminen a favor o en contra del voto obligatorio.

    Mayoría apoya mantener el Tribunal Constitucional, aunque existe fuerte división respecto de su reforma.

    Solo un 20,2% de los legisladores apoya la idea de eliminar el Tribunal Constitucional. Por su parte, el 38,8% apoya la idea de mantener el TC tal como está o bien ampliando sus facultades. Por su parte, el 39,9% apoya la idea de mantenerlo pero reduciendo sus facultades. Esta última opción que es la mayoritaria, genera una fuerte división entre diputados y senadores, dado que los primeros apoyan su reducción de atribuciones en un 43,2%, mientras en el Senado esta opción es de solo un 27%.

    Lo interesante aquí es que la oposición se divide respecto del destino del TC. La mayoría en el PS y PPD es partidario de eliminarlo, mientras en la DC, PRSD y Frente Amplio prefieren reducir sus atribuciones. La mayoría de los legisladores de derecha apoya la idea de mantenerlo. Curiosamente un 30% de los legisladores de la UDI sería partidario de reducir sus atribuciones, no así los legisladores de RN que solo en un 12,8% favorecen dicha opción.

    ¿Presidencialismo vs. semi-presidencialismo?: No existe consenso sobre régimen de gobierno.

    El régimen de gobierno es otro de los temas que divide a los y las congresistas. El 25,7% apoya la idea de mantener el sistema presidencial actual, mientras el 30% apoya la idea de un sistema presidencial atenuado. Un 35% favorece un sistema de carácter semi-presidencial. Solo un 6,6% apoya avanzar hacia un sistema parlamentario.

    El factor ideológico aquí es crucial. Los partidos de derecha apoyan mayoritariamente un sistema presidencial como el actual o atenuado, siendo la UDI el más presidencialista (91%). Por su parte, los partidos de la ex nueva mayoría son los más partidarios de un sistema semi-presidencial, siendo el PRSD (83,3%) y el PPD (76,9%) los más partidarios de este modelo. El PC, RD y otros miembros de Frente Amplio se muestran divididos respecto de un esquema específico de régimen de gobierno.

    Constitución: Legisladores divididos sobre reforma o nueva Constitución

    Muy pocos legisladores se muestran favorables a mantener la Constitución tal cual está (3,3%). Un 47% de los y las congresistas considera que se deben realizar algunas reformas parciales a ella; mientras un 49,7% considera que se debe establecer una nueva Constitución. Sobre esta última alternativa, mientras los Diputados la apoyan en un 51,4%, en el Senado la idea de establecer una Nueva Constitución alcanza un 43,2%.

    De nuevo aquí observamos una división ideológica clara. Los partidos de Chile-Vamos mayoritariamente (sobre 71%) son partidarios de realizar reformas parciales, mientras en la oposición, sobre el 90% de los legisladores de izquierda favorecen la idea de una nueva Constitución. Los partidos del PDC y PRSD están más divididos internamente sobre la materia.

    Un 48,1% apoya la idea de realizar cambios a la Constitución dentro del Congreso, ya sea a través de los mecanismos establecidos en ella (37,7%) o por la vía de una Comisión Bicameral (10,4%). Por su parte, un 47,5%

    Ficha técnica

    Encuesta cara a cara a diputados(as) y senadores(as) del Congreso Nacional. Aplicación entre mayo y agosto de 2018. Tasa de respuesta del 92,4% (183 congresistas).  Encuesta realizada en el marco del proyecto FONDECYT 1170025. Investigador responsable: Claudio Fuentes S. Trabajo de campo realizado por la consultora Subjetiva.

    Descargar resultados aquí

  2. Expertos y bloques políticos pronostican cifra récord en abstención

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Menor de 40 años, reside en una comuna grande, no es politizado y pertenece a un nivel socioeconómico mediobajo. Ese es el perfil de quien no iría a votar este domingo 23. La desconfianza en las instituciones y la percepción de corrupción serían las principales razones para no sufragar. Desde la academia, centros de estudios y partidos advierten la falta de representatividad que se está incubando en el sistema.

    Una base de datos compuesta por adherentes que han dado un “like” en páginas de Facebook que contengan información del partido, o de candidatos que han participado en debates en las redes sociales. Esta es una de las herramientas que Renovación Nacional está elaborando para las municipales y es una muestra de cómo las colectividades están buscando, de forma no tradicional, a posibles votantes con miras a las elecciones del próximo domingo.

    Esto, en medio de un complejo escenario para motivar a la población a que acuda a los locales de sufragio. No hay dos diagnósticos al respecto: desde la academia, los centros de estudios y los partidos políticos creen que en estas municipales votará menos del 43% de los electores que sí se manifestaron en los comicios locales de 2012. Y una cifra por debajo de ese número (algunos cálculos hablan derechamente de bajo el 40%), se establecería como un récord de abstención desde el retorno de la democracia.

    Si bien las alertas se vienen encendiendo desde la instauración de la inscripción automática y el voto voluntario, las cifras de las últimas encuestas van en la dirección de que existe poco interés y poco conocimiento incluso de quiénes son los candidatos.

    En La Moneda los análisis no son más auspiciosos: las cifras que manejan se mueven entre un 35% y 38% de participación.

    Principal razón: Desconfianza en las instituciones políticas

    ¿La causa principal de esta baja participación? Según Ricardo González, coordinador del área de opinión pública del Centro de Estudios Públicos (CEP), “en general la gente no vota porque existe desconfianza en las instituciones políticas, debido a la percepción de corrupción”. Además, según los estudios que ha realizado el think tank , “las personas dicen que no les interesa la política. Hoy existe una escasa politización de la población”.

    De hecho, un estudio del CEP de noviembre de 2014, muestra un dato revelador. Ante la pregunta sobre las características de ser “un buen ciudadano”, un 49% dijo que “votar siempre en las elecciones” era importante ocupando el séptimo lugar de las prioridades. Mientras que el primer lugar fue para “observar que las autoridades públicas actúen correctamente”. Datos que hoy adquieren un mayor sentido.

    Similar es la opinión de Gloria de la Fuente, directora ejecutiva de la Fundación Chile 21. Sostiene que el poco interés de la gente tiene que ver, junto a otros factores, “con el descrédito en el que ha caído la política, sus instituciones y los casos de corrupción”. Y que se podría esperar que en las municipales la participación esté “entre el 30 y 40%”.

    Para el cientista político del Instituto Libertad Pablo Rodríguez, hay que tener en cuenta otro factor: en diferentes estudios de opinión “se está sobreestimando la real participación de las personas”; es decir, la gente no estaría siendo sincera cuando le preguntan si irá a votar. “El contexto político-social no favorece una participación mayor a la registrada en 2012. Por el contrario, debería bajar”, advierte.

    Visión que comparten en Libertad y Desarrollo. Agregan en su último estudio del Observatorio Electoral que la “desafección ciudadana es un fenómeno global”. A eso se suma que históricamente las elecciones locales (municipales) despiertan menos interés que las generales (parlamentarias o presidenciales).

    Partidos tradicionales saldrían favorecidos

    “Pierde la democracia y la legitimidad de los actores políticos”, dice Jorge Ramírez, coordinador del programa Sociedad y Política de LyD, sobre la principal “víctima” de la abstención.

    “Todos se verán perjudicados. Los partidos estables, por ejemplo, pierden en su legitimidad”, apunta Juan Pablo Luna, académico del Instituto Ciencia Política de la Universidad Católica. Agrega que “aquí no gana la izquierda o la derecha, más bien el problema lo tiene toda la clase política. Hay problemas de legitimidad profunda con un nivel bajo de votación”.

    Pero si bien estas conclusiones las comparten los analistas y los dirigentes políticos, al momento de hacer un diagnóstico sobre bloques y partidos, otras conclusiones salen a la luz.

    Según el director del Observatorio Político-electoral de la Universidad Diego Portales, Mauricio Morales, “una alta abstención podría favorecer a los partidos tradicionales que ya tienen procesados sus apoyos electorales”. Además, agrega que esto se acentúa porque “quienes votan tienen patrones de conducta electoral estables”.

    Y aunque aún no hay una sola mirada sobre el sesgo socioeconómico de quienes no votan, hay quienes ven que la abstención aumenta a mayor ritmo en los segmentos medios y populares. De ser así, opina Morales, “los partidos que pierden son los de centro-izquierda y la UDI, pues ellos han avanzado electoralmente en esas zonas”.

    Robert Funk, académico del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile y director de estudios de Plural, pone la mirada en los nuevos partidos como Ciudadanos o Revolución Democrática, que han salido bien evaluados en los últimos sondeos. Pero advierte que si bien esa percepción podría indicar hacia dónde van dirigidas las preferencias, a la larga podría no ocurrir, porque para que eso ocurra “las personas tienen que saber cuál es el partido político de cada candidato y, a mi juicio, en las elecciones municipales la gente no vota por el partido; vota porque conoce al postulante”.

    Quiénes no irán a votar

    Cuando a comienzos de 2012 se logró aprobar la inscripción automática y el voto voluntario, las apuestas del gobierno de entonces, liderado por Sebastián Piñera, y de gran parte de los sectores políticos, eran que aumentaría la participación, pues se eliminaban algunas barreras como el trámite de inscribirse.

    Y si bien entraron nuevos votantes al sistema, se produjo una fuga de otros tantos.

    Un estudio del CEP -“Cambios en la participación electoral tras la inscripción automática y el voto voluntario”, de Loreto Cox y Ricardo González- que analiza este fenómeno en las elecciones presidenciales y al Congreso de 2013, muestra ciertos matices.

    Según sus datos, en esos comicios hubo 1.321.401 nuevos votantes -personas que no estaban inscritas en el régimen anterior y que votaron en 2013-. A la vez, 2.624.724 personas que estaban inscritas antes de la reforma, no acudieron a las urnas.

    Aun así, se observó un mayor equilibrio entre los votantes, pues era un consenso que, hasta esa fecha, existía un padrón envejecido. De esta forma el sesgo etario que existía disminuyó, aunque aún persiste.

    “En 2013 mejoró la representatividad del sistema y aunque en 2012 el sesgo etario volvió a subir -quizás porque los más jóvenes están más preocupados de proyectos nacionales que comunales- es mejor que antes”, explica González.

    Con diversos antecedentes de investigaciones, los expertos han llegado acercarse al perfil del chileno que vota y el que no.

    Miguel Ángel Fernández, investigador Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo (UDD) comenta que el votante “sería de mediana edad, casado, que se informa acerca de aspectos públicos, posee algún nivel de confianza hacia las instituciones que lo rodean y se identifica con un partido político”.

    Y, quienes no votan, explica Eugenio Guzmán, decano de la Facultad de Gobierno de la UDD, tiene las siguientes características: “Se trata de gente más bien joven, de una generación post plebiscito, menos política, con menos afección al proceso democrático. Personas de bajo nivel de educación, que han sido socializados al margen de la política, con menor nivel de interés en ella”

    El tamaño de la comuna también incide directamente. Mientras más grande es el municipio, la abstención aumenta. De hecho el promedio de participación de las comunas con más de 200 mil electores fue 35,02% y el promedio de las comunas con menos de 10 mil electores alcanzó el 60,8%, según se lee en un estudio del Instituto Libertad.

    En las comunas más pequeñas, comentan en los partidos políticos, los candidatos son más conocidos y las campañas, más personalizadas.

    Desde el CEP agregan otro factor sobre la “oferta” de candidatos. Así -sobre la base de estudios de las municipales de 2012-, mientras más concejales elige una comuna, hay mayor participación, “quizás producto de que cada candidato aporta votantes adicionales”. Esto, según se lee en su reciente documento “Elecciones municipales en frío. Criterios para dimensionar la participación y los resultados electorales de las elecciones 2016”, donde establecen directrices para analizar los resultados del próximo domingo 23.

    Buscar el voto duro como único camino

    En la Nueva Mayoría y en Chile Vamos están concientes de esta realidad. Y si bien hoy buscan formas novedosas para “fidelizar” al electorado (ver recuadro) saben que su objetivo es apuntar a sus respectivos votos duros.

    “Si antes un candidato hacía campaña y se enfrentaba con un posible elector que estaba dudoso, se quedaba y lo trataba de convencer. Hoy sigue de largo y busca al vecino que adhiera a sus ideas. El tema es que ahora debe entusiasmarlo para que vaya a votar”, explica el experto electoral del PPD, René Jofré.

    Otro ejemplo de la búsqueda del voto duro es lo que está haciendo la UDI desde hace unos meses: organizar a sus militantes en cada comuna según el número de electores que se necesitan para elegir a un candidato. Y cada militante deberá incentivar que un determinado grupo de adherentes vaya también a sufragar.

    En la DC admiten que lo que irán a buscar es ese voto duro que les asegure la real representación que tienen en el electorado. De ahí que, señalan, las estrategias para captar al votante son 345… una por cada comuna.

    Todo esto, cuestionan desde los partidos, en un escenario adverso para la elección donde la “invisibilidad” de la campaña es comentario común. No solo porque las presidenciales se han tomado el debate, sino porque, según acusan las colectividades, el Gobierno no se encargó de hacer una campaña informativa, con tiempo, para que la gente estuviera al tanto de los comicios del próximo domingo.

    Y si bien en los últimos días, La Moneda lanzó videos y tuiteos con un “Yo sí voto” -donde participan incluso ministros-las colectividades lo ven como algo tardío y poco eficiente.

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  3. ¿Voto obligatorio, voluntario o electrónico? El debate que abre la abstención

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    Fernando García Naddaf, Director del Magíster en Política y Gobierno UDP.

    Fernando García Naddaf, Director del Magíster en Política y Gobierno UDP.

    La baja sostenida en los índices de participación electoral en las recientes elección presidenciales y municipales puede acentuarse en los comicios del próximo 23 de octubre, dando pie a una ser de iniciativas que buscan reponer la obligatoriedad del voto. Un discusión donde la élite política pone todas sus fichas, para recuperar la legitimidad perdida por sus actos.

    En las pasadas elecciones municipales de 2012, con la implementación del sistema de inscripción automática y voto voluntario, las campanadas de alerta en los partidos políticos tradicionales y la élite se encendieron en vista de la crisis que se les venía encima. El 60% de abstención era la primera señal concreta de la ciudadanía de su desafección de la política. 

    El hecho repitió, aunque con menos contundencia las elecciones presidenciales donde la participación alcanzó casi el 50%. Sin embargo, las luces quedaron encendidas para reinstalar la discusión respecto si participar de los eventos electorales debe ser voluntario u obligatorio.

    De esta forma se han presentado una serie de ideas respecto de como revertir la abstención para aumentar los niveles de participación electoral de los ciudadanos. La reinstauración del voto obligatorio o el uso de plataformas electrónicas como el voto electrónico han sido puesto en la mesa por diferentes parlamentarios.

    En este sentido, el senador Francisco Chahuán (RN), otrora defensor del voto voluntario, es uno de los más fervientes defensores de la vuelta de la obligación de ejercer el voto. Su argumento se basa en que “Estamos frente a una crisis de legitimidad que es multifactorial, que no solo se relaciona con una crisis de confianza con la política, sino que también la interpersonal y se rompió el sentido de comunidad. Estamos en una cultura del metro cuadrado”.

    Al mismo tiempo, Chahuán recalca que esta desafección tiene que ver con el momento social del país más allá de su situación política y declara que “Existe ausencia de un proyecto colectivo de nación, y eso va a acompañado de la indiferencia de los procesos sociales y políticos. Chile se encuentra en medio de una transición entre el país que somos, el que queremos ser y el que soñamos. Chile no se reconoce a sí mismo ni culturalmente ni territorialmente”.

    En palabras del diputado y jefe de bancada del PPD, Ramón Farías, quién además impulsa la instalación de la plataforma de voto electrónico en el país, señala que el escenario abtencionista que se encuentra en ciernes tiene relación con que la ciudadanía, no percibe importancia en su actuar y que para revertir la situación “creo que la gente tiene que sentir que su voto es importante. En la próxima elección se cierra la etapa del binominal y habrá distritos más grandes y con mayor cantidad de diputados, poniendo de ejemplo el distrito donde que represento que pasa de tener dos diputados a siete”.

    Y al mismo tiempo, cree que se deben asumir responsabilidades por ambas partes, clase política y ciudadanía, para la superación de este momento “Hay que reencantar a la ciudadanía, pero se requiere tener ganas de ser reencantadas. Este no es un esfuerzo de la clase política, también debe ser de los medios o del gobierno de turno. También los medios deben ayudar a que la gente se acerque a votar, para cambiar a los que no  nos gustan. Porque la gente dice “no vamos a premiarlos con el voto” lo que es todo lo contrario a lo que sucede en la realidad”.

  4. Expertos pronostican que la participación podría bajar al 35% en las Municipales

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Hace varios años que la abstención electoral es uno de los principales temas de debate. En las últimas votaciones a nivel comunal las cifras indicaron una participación del 43% del total del padrón. Ante la incertidumbre de cuánta gente participará el 23 de octubre, los entendidos nos entregan sus vaticinios.

    En Chile la participación electoral ha disminuido constantemente desde 1993. La mayor baja se percibe en 2012 con la puesta en marcha de la inscripción automática y el voto voluntario.

    Según Mauricio Morales, Director del Observatorio Político Electoral de la Universidad Diego Portales, el cambio hacia voto voluntario tiene una consecuencia de baja participación electoral que se ve reflejada de igual forma en otras partes del mundo, como en Suiza y Venezuela, donde también se registran cifras de participación de 40%, por lo que no es un fenómeno único en Chile.

    Morales también comenta que en Chile es sustantivamente mayor la participación en los segmentos socioeconómicos altos y va descendiendo de forma acelerada en los grupos con menos recursos. “Eso se llama sesgo de clases, y es lo más preocupante”, agrega.

    A modo de ejemplo, según datos entregados por el INE y el Servel, en Las Condes la participación bordea el 60% y 70%, en cambio en La Pintana se encuentra en torno al 40%. La teoría “se refleja en las cifras globales, donde los segmentos altos votan entre 15 y 20 puntos más en comparación a los bajos”, dice el académico.

    Los números lo pronostican. Si desde 1993 las cifras de participación han bajado en cada elección, este 2016 podría ocurrir algo parecido. Marta Lagos, directora ejecutiva del Latinobarómetro, afirma que no hay duda que el fenómeno seguirá a la baja, pero se pregunta: ¿a qué velocidad? Según la experta, factores como falta de candidatos alternativos hace que exista un gran porcentaje de postulantes reelegidos que alejan a los ciudadanos de expresar su voto.

    El pronósticos de los expertos

    Las proyecciones de la participación electoral en las próximas elecciones no son positivas, los expertos coinciden en que irá a la baja.

    Cristóbal Aninat, director del Magíster en Políticas Públicas de la Universidad Diego Portales, afirma  que la participación rondará el 40%, y  lo explica con dos razones: primero, ha aumentado el desprestigio de la elite, donde el pensamiento de que “todos los políticos son iguales” es cada vez más común. En segundo lugar, las nuevas leyes han invisibilizado las campañas, disminuyendo su exposición y no generando el interés necesario.

    El pronóstico de Marta Lagos es aún menor, sosteniendo que los números podrían llegar incluso al  35% de participación. Explica también que la nueva ley electoral cambió las reglas del juego pero que los candidatos siguieron con la misma lógica de antes. “Se ven los mismos carteles y palomas que antes, sólo que en lugares más reducidos. (…) no he visto a nadie intentar innovar y llamar la atención de otra manera”.

    Mauricio Morales concuerda en que la participación electoral para este año bajará entre el35% y el 40% y que además que no habrá ninguna posibilidad a corto plazo para que aumente. Sin embargo, a futuro la educación cívica podría ser la solución. “Hay que corregir a los candidatos, pero también es razonable atacar el tema desde los votantes, para que desde pequeños quieran expresar sus decisiones o desconciertos mediante el voto“.

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  5. Abstención: analistas exploran preocupación de Bachelet

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Plantean que si una alta ausencia en las urnas se traduce en una derrota electoral, ésta puede incidir en La Moneda y su relación con el oficialismo.

    El 62% de abstención en la votación del plebiscito de Colombia fue el tema mediante el cual la Presidenta Michelle Bachelet manifestó ante el gabinete su inquietud de que se produzca una baja votación en las municipales.

    Ayer, la mandataria volvió a abordar la preocupación de que este 23 de octubre se repita un cuadro como el colombiano, o incluso, como el que se vivió en los comicios de 2012, cuando en pleno debut de la inscripción automática y el voto voluntario se alcanzó un 60% de abstención.

    “La opinión de ustedes es importante en las elecciones municipales porque no da lo mismo quién sea alcalde o concejal, y está en sus manos elegir buenas autoridades”, expresó Bachelet.

    Las aprensiones de la jefa de Gobierno se sostendrían en cifras. Además del resultado de las elecciones de 2012, en las pasadas primarias de julio sólo un 5,5% del padrón habilitado concurrió a votar. En 2015, el Instituto para la Democracia y la Asistencia Electoral situó a Chile como el país con la menor tasa de votación ciudadanos entre las naciones con democracias estables, luego de que en las presidenciales de 2013 un 58% no asistiera a votar.

    Ante esta perspectiva, expertos plantean que el cuadro no entrega señales de mejora. “La encuesta CEP dice que hay 27% que dice que irá a votar, pero normalmente la gente que declara eso es porque es mal visto no ir a votar. Eso puede traducirse nuevamente en el 40% de participación de hace cuatro años atrás y eso es muy malo”, detalla Sergio Micco, coordinador del Magíster en Ciencia Política de la U. Chile.

    El académico de la Facultad de Gobierno UDD, Gonzalo Müller, advierte que “esta profecía autocumplida de la abstención ya ocurrió en 2012, se ratificó en 2013, de manera durísima. Ese terremoto ya golpeó a la clase política y hoy día se puede agravar, puede ser que lleguemos a cifras en torno al 35% de participación”.

    Frente a esto, el decano de Ciencia Política de la U. Central, Marco Moreno, plantea que es probable que “la baja electoral sea usada tanto por el oficialismo como por la oposición para cargar las responsabilidades en el Gobierno, por los malos resultados que ha tenido su gestión y  porque el nuevo escenario que establece las reglas del juego electoral, de financiamiento, ha hecho que estas campañas sean bastante invisibles. Y el Gobierno un poco, reaccionando a esta posibilidad cierta – que debe mostrarse las encuestas internas- está de alguna forma adelantándose a un cuadro negativo que podría ser todavía más complejo si la aprobación se mantiene o baja”.

    “El Gobierno busca detener con estos llamados a participar, porque lo que puede estarse provocando es que haya una fuerte crítica, no sólo de gestión del Gobierno, sino ante la despolitización de la gente ante su deficiente manejo”, agrega el académico.

    Müller argumenta que “si esta sensación de mala evaluación del Gobierno se traduce en una derrota política electoral, creo que lo que viene en la Nueva Mayoría van a ser pasadas de cuenta múltiples entre los parlamentarios, que se van a asustar. O sea, va a haber una búsqueda de culpables rápidamente esa misma noche, porque si hay algo que corre muy rápidamente es el terror electoral, cuando la mala evaluación se traduce en derrota”.

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP, afirma que “el peligro para el Gobierno, más que una caída de la participación, está en perder el control de algunas comunas relevantes como Santiago”.

    No obstante, desdramatiza lo que se venga tras las elecciones y recalca: “Hay democracias con alta participación y con altos niveles de identificación con partidos donde la democracia no se caracteriza por altas dosis de estabilidad”.

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  6. Politólogo estadounidense: Los dineros de campaña son sólo una forma de influenciar al poder

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    Larry Bartels planteó que los sectores más acomodados mantienen influencia debido a la cercanía que tienen con quienes detentan el poder político, más que por el dinero que aportan: “el rol del dinero en los procesos de campaña parece ser sólo una pequeña parte de todo el cuadro de influencias”.

    “Una de las lecciones políticas es que estas reformas es más probable que triunfen si se implementan relativamente rápido, y si están diseñadas de una manera que los beneficios se vean claramente lo más rápido posible”, fue una de las sentencias del politólogo estadounidense, Larry Bartels, académico de la Universidad de Vanderbilt, en respuesta al por qué los programas de reformas suelen ir perdiendo apoyo conforme son implementadas.

    El profesor estaodunidense, realizó una charla en la Universidad Diego Portales, titulada “Desigualdad Económica y Representación Política en un Marco Democrático”, en la cual presentó algunos de sus estudios que demuestran que la desigualdad económica no sólo tiene sus raíces en esta área, sino también en las decisiones de política pública que los gobiernos toman.

    En este sentido, el autor del libro “Unequal Democracy” en el cual demuestra que la brecha entre ricos y pobres en Estados Unidos se ha acentuado más durante las administraciones republicanas, mientras que durante los gobiernos demócratas estas se han acortado, hizo énfasis en la necesidad de perfeccionar los sistemas políticos, ya que en la actualidad, se debería hablar más de oligarquías que de democracia, propiamente tal.

    Usted se refirió al final de su conferencia que en el mundo, al parecer, más que democracias, lo que existen son oligarquías, ¿por qué?

    En la mayoría de las sociedades democráticas, hay mucho apego a los ideales de la democracia, y la gente quiere creer que su sistema es democrático, en la práctica tanto como en los ideales, y creo que es importante forzarlos y dirigirlos el sistema hacia esos grandes ideales. Es cómodo simplemente imaginar el sistema funcionar más o menos en ese sentido, pero en la mayoría no es ese el caso.

    Chile lleva alrededor de cinco años con un sistema de voto voluntario, y se ha manifestado que la participación de la población en los procesos eleccionarios ha decrecido hasta alcanzar menos del 50 por ciento del padrón, ¿cree que con este tipo de medidas se favorece la influencia de las élites, que tienden a participar más en política, en desmedro de las clases sociales más bajas?

    En mi opinión, es una política que probablemente tenga buenos efectos, si es que tiene alguno, porque el rango de preferencias e intereses de la sociedad será más directamente reflejada en el proceso electoral, pero la gran limitación, me parece que es que los ciudadanos no son muy exitosos en usar las elecciones para traducir sus preferencias en políticas por un montón de razones. La gente no vota considerando cuestiones políticas o ideológicas, entonces la idea que tienen todos en la urna será automáticamente traducida por un gobierno que es receptivo a los deseos de la gente o a la palabra de la gente, creo que es muy reduccionista porque no corresponde a cómo los electores realmente se comportan.

    En nuestro país se plantea que una de las consecuencias del voto voluntario es que las personas con mayor educación, y que de manera casi unánime corresponde a los segmentos sociales más acomodados, terminan siendo los que participan más activamente en política, pudiendo generar una distorsión en la generación de políticas públicas.

    En la mayoría de los lugares en donde se presentan diferencias que favorecen a las personas con más riqueza y educación, mi punto es que el voto no se transmite automáticamente en influencia política, en ningún caso. Si la gente más adinerada obtiene más receptividad del sistema político, creo que no es porque tengan más dinero, sino que sus ventajas en otras áreas los acercan más a los procesos de generación de políticas.

    Se está discutiendo actualmente en nuestro país la forma de financiamiento de los partidos políticos y las campañas, siendo la propuesta del Gobierno el financiamiento público de las colectividades, ¿es esta la solución para evitar la influencia del poder económico en la política?

    Yo diría que es improbable que se evite la desproporcionada influencia de esos grupos, pero es probablemente una forma de mitigarla. Una de las cosas que no entendemos aún muy bien es cómo la riqueza se traduce e influye en el proceso de generación de políticas, y las contribuciones a las campañas es una de las formas, y es una de las especialmente visibles, por ello que el efecto más importante para cambiar el sistema sea, probablemente, estimular la confianza pública en el proceso político, incluso si hay otros caminos a través de las cuales la gente adinerada desproporcionadamente afecta los resultados de las políticas. No sé cuáles son las circunstancias que existen aquí, pero en los Estados Unidos la gente estudia el rol de las corporaciones en el gobierno y la cantidad de dinero que gastan en lobby y en el contacto directo con autoridades políticas, que puede ser ocho o diez veces más de lo que contribuyen en campañas electorales. Entonces, el rol del dinero en los procesos de campaña parece ser sólo una pequeña parte de todo el cuadro de influencias.

    También en nuestro país se están discutiendo una serie de reformas, como la Tributaria, Laboral y Educacional, las cuales contaban con un amplio apoyo al comienzo del gobierno de Michelle Bachelet, pero que ahora se ha ido reduciendo ese soporte. ¿Cómo pueden evitar las administraciones perder ese apoyo y que, al contrario, se plieguen las clases media y baja al discurso de los grupos políticos más adinerados?

    Creo que es un patrón común que la gente sea más entusiasta sobre las reformas en un principio en el resumen que en el proceso real de la reforma, que usualmente suele ser más dificultoso y enredado, por lo que creo que una de las lecciones políticas es que estas reformas es más probable que triunfen si se implementan relativamente rápido, y si están diseñadas de una manera que los beneficios se vean claramente lo más rápido posible, por ejemplo una de las mayores trampas de la Reforma de Salud en Estados Unidos, es que el sistema estaba diseñado para que la gente comenzara a obtener beneficios un par de años después que la política estuviera en funcionamiento, entonces hay un largo período en el que la gente no podría ver ninguna ventaja de manera directa que pueda representar un cambio para los beneficiarios, lo que genera impopularidad en los primeros años, pero lo tuvieron que diseñar así por razones más complejas.

    Es la pugna entre el corto y el largo plazo en cuanto a las reformas

    En el corto plazo, la gente se enfocará en la visión, y en largo plazo se enfocará, probablemente, en lo que pueden observar de cuán bien está funcionando la política está funcionando y qué efectos tiene en ellos y en otras personas, entonces si el corto plazo resulta costoso y enredado el apoyo, probablemente, se evaporará rápidamente, incluso si los efectos de largo plazo de la medida pudiera ser favorable.

    Leer entrevista aquí

  7. Mauricio Morales y el voto voluntario:”A menor participación, mayor poder para los partidos tradicionales”

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    El director del observatorio electoral de la UDP, Mauricio Morales, en una entrevista con 24 horas, respondió respecto a la ley 18.884, ”Ley de transparencia” y como es el financiamiento de las campañas y  pre -campañas  políticas en nuestro país.Morales también recalcó la deficiencia de votos, después de la aprobación del voto voluntario y el aumento del sesgo social en nuestro país, tras la aprobación de dicha   ley.

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  8. Partidos políticos: ni primarias ni límite a la reelección

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

     

     

     

     

     

     

     

     

    Mucho se habló en cuanto a que la utilización de primarias como mecanismo de selección de los candidatos era el mejor camino para reencantar a los ciudadanos con la política, aproximándolos a la toma de decisiones. Sin embargo, las primarias no necesariamente funcionan así. De hecho, comparando las comunas donde la Nueva Mayoría hizo primarias en 2012, con aquellas donde el candidato se definió desde “arriba”, no se encuentran diferencias en el volumen de participación, aunque existe evidencia de que las primarias mejoran marginalmente la elegibilidad de los candidatos.A nivel interno, las primarias suelen generar roces entre las distintas facciones de los partidos, produciéndose conflictos que terminan por desmembrar la organización. Por tanto, cuesta sostener la idea de que las primarias favorecen la participación política, y que logren fortalecer a los partidos. Al contrario, en lugar de apuntar hacia la institucionalización del partido, pueden contribuir a la personalización de la política.

    Otra propuesta para oxigenar la política y mejorar la labor de los partidos, es colocar límites a la reelección. No obstante, nada garantiza que la renovación de caras implique un empuje de las buenas prácticas, como tampoco que los nuevos representantes sean más capaces que los antiguos. Por último, son los ciudadanos quienes deciden reelegir o dar de baja a su representante. En México -un caso prototípico de límite inmediato a la reelección- se aprobó una reforma que permite que diputados y senadores compitan por más de un período.

    Suele subrayarse el bajo nivel de confianza de los ciudadanos en los partidos, proponiéndose como solución una Nueva Constitución, y ojalá, mediante Asamblea Constituyente. En realidad, el problema es algo más complejo, siendo muy probable que estos niveles de confianza no suban significativamente en toda la década. Además, la evidencia objetiva no apoya la tesis de la crisis de representación. El 97% de los diputados, 94% de Cores, 90% de concejales y 84% de los alcaldes fueron electos en las listas que agrupan a los partidos tradicionales. Cualquier analista que observe tales cifras podrá argumentar, con justa razón, que en Chile existe una evidente crisis de confianza o credibilidad, pero que aún no se da paso a una crisis de representación. Para que esto ocurra, es necesario que se presenten simultáneamente las dos condiciones: crítica generalizada hacia las instituciones, y caída significativa de la representación de los partidos tradicionales. Esto último sólo se puede evaluar con datos electorales.

    Es cierto que la participación se ha deprimido bruscamente debido al voto voluntario, pero los que siguen votando aún mantienen lealtades con los partidos tradicionales independiente del tipo de sistema electoral con que se compite. Por tanto, uno de los desafíos para mejorar la condición actual de los partidos pasa por insistir en un amplio plan nacional de educación cívica. No basta con un par de cursos en tercero o cuarto medio. El proceso debe iniciarse en la educación básica, mediante el uso de didácticas democráticas. En segundo lugar, y tal como señala el proyecto de ley que impulsa el gobierno para regular el financiamiento de la política, los partidos debiesen estar obligados a realizar actividades de formación y proselitismo más allá de los años electorales.

    En tercer lugar, los partidos deben rendir cuentas ante la ciudadanía tanto sobre propuestas de reformas impulsadas por sus representantes en el Congreso, como del desempeño de sus autoridades locales. Los partidos tienen el deber de informar, y la ciudadanía tiene el derecho de acceder a esa información.

    En cuarto lugar, es muy necesario que se eleven los requisitos para formar partidos en Chile, y que no cualquiera pueda acceder a los recursos estatales. La solución no pasa por reducir las barreras de entrada estimulando la emergencia de partidos regionales, pues podrían aumentar innecesariamente la fragmentación política. Eso, más que un avance, podría implicar una proliferación de partidos que termine por arruinar todo el proceso de reforma.

    Ver columna en La Tercera

  9. El retorno del voto obligatorio. ¿Pasó la vieja?

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    mauricio morales

     

     

     

     

     

     

     

    Mauricio Morales

    La introducción del voto voluntario en Chile ha sido una de las peores decisiones del último tiempo. En 2011 -antes de que entrara en vigencia- sostuve que el voto voluntario traería dos problemas. Primero, un desplome de la participación. Segundo, un agudizamiento del sesgo de clase en la participación electoral. Es decir, que en las comunas más ricas vote más gente que en las comunas pobres. Ambos pronósticos se dieron. Mientras en 2009 la participación bordeó el 60% (calculado sobre el total de población en edad de votar), en 2013 descendió a menos del 50%. Si en Vitacura, para la primera vuelta de 2013, votó casi el 68% del padrón, en La Pintana lo hizo sólo el 40%.

    Lo más grave es que varios congresistas, estando informados respecto a tales pronósticos, terminaron apoyando la reforma.Una encuesta aplicada a 164 congresistas en 2014 – financiada por un proyecto de IDRC alojado en la Universidad Diego Portales- arrojó que un 72% de los legisladores de la Nueva Mayoría y un 57% de los de la Alianza están a favor del voto obligatorio. La incongruencia es evidente. La misma elite que apoyó la reforma, ahora quiere una rápida reversión. No tuvieron el coraje para oponerse en su minuto al voto voluntario. El argumento era que la propuesta venía del gobierno de Bachelet, y que dada su popularidad no era conveniente tirarle pelos a la sopa.

    ¿Es adecuado retornar el voto obligatorio? Me parece que no.Primero, aunque soy fiel partidario del obligatorio, creo que es importante que los políticos se den cuenta de una mala legislación y que la corrijan de manera adecuada. Esto implica el establecimiento de un Plan Nacional de Educación Cívica. Es decir, incluir de manera obligatoria en las mallas curriculares de escuelas, colegios y liceos un programa de Educación Cívica para alumnos de enseñanza media y de enseñanza básica. Para esto último, existen modalidades de trabajo basadas en didácticas democráticas. Una idea de estas características vendría a corregir de manera seria el escaso “civismo” de los chilenos.

    El segundo argumento tiene que ver con la eventual combinación entre el voto obligatorio y un ambiente de alta desafección con partidos. Ocho de cada diez chilenos no se identifica con ningún partido y, además, la participación se ha desplomado significativamente. Entonces, el hecho de obligar a la gente a votar, podría traer consecuencias aún peores. Esos ciudadanos lo harán de mala gana. Es muy probable que en lugar de apoyar candidaturas de los partidos o coaliciones tradicionales, lo hagan por candidatos populistas en el afán de votar en contra “del sistema”. La situación se tornaría más dramática en el nuevo esquema: distritos más grandes, menor exigencia de votos para ser electo, bajas barreras de entrada para formar partidos. Si el voto es obligatorio, no es descabellado pensar que en algunas regiones terminen por salir beneficiados pequeños caudillos que hacen eco de la crítica generalizada a los partidos tradicionales. Lo peor, es que esos votantes descontentos justificarían su voto más por la molestia de estar obligados a votar, que por una preferencia política arraigada.

    El tercer argumento es que, de retornar al voto obligatorio, estaremos confundiendo dolor de cabeza con jaqueca crónica. El drama de la desafección no se resuelve instituyendo la obligación de ir a votar. El problema es mucho más profundo, por lo que su corrección depende de cuán dispuestos estemos para establecer una educación cívica íntegra.

    Raya para la suma. El tiempo del voto obligatorio ya pasó. La elite política debe hacerse cargo del error. El desastre del voto voluntario debe ser tomado como una oportunidad para atacar de raíz el profundo malestar con los partidos y la representación democrática. Algunos han dicho que la participación electoral futura dependerá del nuevo sistema electoral. Se equivocan. No es “responsabilidad” de un sistema electoral impulsar la participación. Los sistemas electorales transforman votos en escaños. Lo curioso, es que quienes quieren achacar tal responsabilidad al sistema electoral, son los mismos que en su minuto respaldaron abiertamente el voto voluntario. Juzgue usted.

    Ver columna en La Tercera